20: Sí, él

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A D V E R T E N C I A

Este capítulo contiene escenas subidas de tono, catalogadas como +18. Queda bajo tu completa responsabilidad leer dichas escenas. No se juzga o critica a la persona que lea este contenido, después de todo, este es un espacio libre donde cada lector puede disfrutar lo que quiera. Si este contenido no es de tu agrado te sugiero evitar leer este capítulo y esperar al siguiente. Los comentarios ofensivos donde se juzgue o se hable mal de la escena, los personajes o los lectores que estén leyéndolo, serán eliminados. Sin más preámbulo: Disfruta.

Jaden White tenía cosas que todos odiaban. Desde su humor sarcástico y su popularidad envidiable, hasta la forma de su caminar y su aroma. La mayoría de esas cosas eran cosas a las que me acostumbré, porque Jaden era una persona que una vez entraba en tu vida sentías que ahí pertenecía.

Exactamente por eso cuando vi que estaba en la puerta de mi casa sentí que me iba a dar un paro cardíaco. Que estaba por desmallarme y que me llevarían al hospital. Pero no fue una ensoñación mía, fue verdad.

Jaden White estaba en mi casa, de pie, como si siempre hubiese estado ahí.

—¿Qué diablos haces aquí? ¿Acaso estás demente?

—Necesitaba verte —murmuró.

—¿Verme? Me viste en la escuela hoy, siendo una miserable por tú culpa. Largo de mi casa, White.

Iba a cerrarle la puerta, hasta que...

—¿No quieres arreglar las cosas? Aquí estoy, a eso vine.

Y aunque por dentro mi cabeza solo me gritaba que lo echara, que lo enviara por donde mismo vino y me diera mi lugar...

Una voz en mi cabeza me dijo que se merecía otra oportunidad.

Así que, solté un suspiro viéndolo.

—Sube por la ventana de mi habitación, fíjate bien por donde caminas, hay cámaras.

Y sin más subí las escaleras como una demente, lista para abrirle la ventana al chico que tanto daño me había hecho en la última semana.

—Tu habitación es linda —susurró cuado estuvo dentro.

—Gracias.

Vi como se giró, dándole una mirada rápida a mi habitación, y entonces, me miró a mí.

Mi pulso se aceleró cuando esa mirada avellana me golpeó. Traía el cabello levemente peinado, aunque le caía por encima de las cejas. Llevaba un suéter negro y unos jeans caídos.

Relamió sus labios, y me miró desde los pies hasta la cara.

Unos pasos bastaron para tenerlo frente a mí, y entonces, sus labios chocaron con los míos en un encuentro casi perfecto.

—Te extrañé.

La manera en la que me miraba era viva, audaz, fuerte, como si aquello fuera por lo que respiraba.

—Jaden, viniste a arreglar las cosas, no a complicarlas —lo aparté.

—Tienes razón.

—¿Piensas explicarme los mensajes que le enviaste a Selene?

—Selene es mi amiga, pasamos muchas cosas juntos, yo solo...

—No me mientas, los leí. Decías que la extrañabas. ¿Cómo es posible que tú hagas algo así? ¿No soy suficiente o como...?

—No, no, no. No se trata de eso.

—¿Entonces de qué? Estoy volviéndome loca, Jaden.

—Hace unos años me diagnosticaron una enfermedad mental llamada Limerencia.

Forever | Libro I Donde viven las historias. Descúbrelo ahora