Semanas habían pasado desde aquella visita inesperada que di a Jaden en la terapia de grupo. Con los días pudimos hablar bien sobre el tema. La conversación había sido pacífica y relajada. Dejé que me contase todo lo que quisiera y también procuré no presionarlo. No tuve que esforzarme mucho para escuchar la historia completa, Jaden me la contó cuándo sintió que debía hacerlo.
Los padres de Jaden estaban separados casi desde que tiene uso de razón. Su mamá es Doña Rosa, una estilista del pueblo que la mayoría conocen. Su papá es Carlos White, un tatuador de un pueblo lejano que engañó a su esposa con una mujer que fue a pedirle un tatuaje en la espalda y tras eso, abandonó su posición como padre para dedicarse a crear su nueva familia. Aunque Jaden me explicó que siempre hizo lo posible por estar presente, entendí que eso influía en que no se llevara de maravillas con su papá. Había engañado a su madre y después por si fuera poco inició una nueva vida lejos de ellos. Como producto de aquella situación, Jaden tenía dos hermanos menores. Una niña y un niño, ambos hijos de su madrastra.
Jaden se mantuvo con su madre, en el pueblo. Su mamá se dio la tarea de conocer a una persona nueva y empezó una relación con Diego, el actual padrastro de Jaden. A lo largo de su vida cometió muchos errores en un intento de ser alguien que no era. Empezó por beber con su padre en cada fiesta familiar y cada actividad a la que se lo llevaba, para su papá era normal beber con su hijo, pero para Jaden no. Se alcalizaba tanto que llegaba a la misma inconsciencia, su papá jamás le tomó importancia. Y no fue hasta que en una ocasión, todo se salió de control. Bebió como una bestia, ingirió y mezclo todo tipo de licor y cerveza. La borrachera que tuvo aquella noche fue una pesadilla, pero eso no fue lo peor. Lo peor fue ver como Jessie, su hermana menor, lo vio vomitando en el suelo de su habitación de madrugada. Jessie usualmente tenía pesadillas, y dormir con su hermano mayor la calmaba, así que esa noche fue con la esperanza de poder reconciliar el sueño y solo obtuvo unos balbuceos inentendibles y después centenar de vómito por el suelo. Jaden parecía una manguera rota, no dejaba de expulsar todo lo que había bebido. Las náuseas cesaron para cuándo reconoció a Jessie sentada en un rincón, llorando del miedo por no entender que le pasaba a su hermano mayor. Jaden jamás se perdonó aquella escena, así que tras ese día, se prometió a sí mismo no volver a beber de esa manera, promesa que lleva al pie de la letra.
Después de esa historia tuvimos la del desorden alimenticio. Jaden siempre fue un chico robusto y fuerte. Su complexión era ancha y fornida. Sus padres vienen de genes no tan delgados, pues toda la familia tiene el mismo parecido en físico. Desde muy pequeño Jaden se comparaba con otros niños, queriendo ser más delgado como ellos. Eso prosiguió en la preparatoria, la adolescencia le golpeó con una obesidad repentina. Para su edad no debía tener ese peso, así que su familia hizo todo lo posible porque adelgazara. Tomó toda dieta y todo régimen de adelgazar que había en ese momento. Le tomó poco más de tres años adelgazar como él quería, y aunque quisiera verse sumamente delgado, Jaden era de complexión ancha y huesos prominentes. Jamás sería el chico que quería ser. Así que de la nada empezó a sentir repulsión por la comida. Empezó a dejar de comer cuándo salía y para disimular bebía una que otra bebida energética. Para nada servía pues la vomitaba tan pronto tenía oportunidad. Un bajón de azúcar fue el responsable de que esto se supiera, y gracias a eso empezó a ir dónde una nutricionista al igual que al psicólogo.
Pensé que se quedaría ahí, que no habría más que contarme. Y entonces me cayó la boca, contándome sobre los ataques de ansiedad y su depresión. Cuando las sesiones con el psicólogo fueron progresando, Jaden habló más abiertamente con él y poco a poco le diagnostico depresión. La razón no era una en específico, se basaba en que él se sentía mal de la nada y aquella emoción de malestar se transformaba en una rotunda tristeza que le orillaba a los ataques de ansiedad. Su cabeza iniciaba un juego constante con sus emociones y entonces la ansiedad lo convertía en un preso del miedo. Se dejaba llevar por aquellas emociones y terminaba haciéndose daño a sí mismo. Desde golpear paredes hasta intentar cortarse a sí mismo con una cuchilla para distraer la mente. Los antidepresivos que le recetaron al principio lo dejaban casi babeando el suelo de lo fuertes que eran, pero con el tiempo los controló lo suficiente para tomarlos diariamente. Hoy día los ataques de pánico no eran tan fuertes, de hecho había aprendido a controlarlos bastante bien. Las visitas al grupo de terapia iban medianamente bien, Jaden me explicó que el asistía por orden de su psicólogo, y aparte de eso, porque debía hacerlo o no le recetarían los medicamentos. Era la manera del psiquiatra de lograr que hiciera caso. Algo que había recalcado era que no soportaba al chico que impartía las reuniones, y que ese era uno de los principales motivos de su mal humor durante las reuniones. Además el optimismo innecesario.
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Forever | Libro I
RomansaDaniela Black y Jaden White habían hecho una promesa. ¿Quieres saber cuál? Ambos prometieron que su historia sería... Para siempre. Que su enamoramiento sería uno como esos de las películas, que su legado quedaría marcado con los años y se sabría...
