—¿Me llamaba, jefe? —preguntó Jack entrando en la tienda de campaña del Sr. Ranches.
Ranches estaba viendo un mapa de la isla hasta que oyó su nombre y se dio la vuelta.
—Ah, Jack. Claro que te llamaba. Siéntate. Ya he llamado a tus hombres para que vengan también. —contestó ofreciendo una silla libre para Jack.
Jack se sentó en ella mientras Ranches miraba. Osvaldo, Smith y Roger entraron unos segundos después y tomaron asiento para sentarse cerca de su jefe y de Ranches.
—¿Nos llamaba, Sr. Ranches? —preguntó Roger en voz baja.
—Sí, Roger. Tenemos un problema. —contestó Ranches.
—¿De qué se trata, jefe? —preguntó Jack.
—Como sabéis, estos niños van a ser una auténtica molestia en nuestra búsqueda del oro. Y hasta nuestro nuevo compañero parece no importarle mucho el oro, ahora que su hijo ha aparecido aquí en este lugar.
—Estoy de acuerdo. Prometí a mis hombres que pronto tendríamos el oro. No quiero que se lleven un disgusto y me echen a mí la culpa. —Jack se puso de acuerdo frunciendo el ceño y cruzándose de brazos.
—Pero, jefe, ¿quién dijo que fuera su culpa? —preguntó Osvaldo a Jack con cara de confusión.
—Entiendo tu preocupación, Jack. Por suerte, todo problema tiene una solución. Y yo tengo una. —aseguró Ranches con una siniestra sonrisa entre dientes.
—¿Una solución? Interesante. ¿Qué propone usted? —preguntó Smith.
—Escuchad muy bien. Es importante que este plan salga perfecto sin fallo alguno.
—Le escuchamos. —asintió Jack.
—Usaremos a esos mocosos para que nos ayuden a buscar el oro. No sé cómo lo haremos, pero lo haremos de todos modos.
—¿Convertir en esclavos a los enanos e ignorar su deseo de volver a casita? Oh... ¡Qué malo es, jefe! —se rió Jack entre dientes.
—Eso es que te gusta mi idea, ¿verdad? —preguntó Ranches mostrando una retorcida sonrisa, pensando que a Jack le interesaba el plan.
—Somos piratas, jefe. Cualquier cosa que nos guste es digna de que nos guste, como el oro.
—Y si usamos a esos mocosos, puede que tenga más posibilidades de pagaros por un trabajo muy bien hecho.
—Sí, esperemos que sea así. Cuando un plan es así de retorcido, funciona aún mejor. Ese es mi dicho.
—¡Bien dicho, jefe! Los mocosos no saben la que les espera. —dijo Roger.
Mientras los piratas y Jacques se reían, no de dieron cuenta de que alguien los estaba oyendo. Pulga les estaba observando poniendo su ojo en un agujero de la tienda de campaña. Él y sus amigos gatos querían saber si aquellos hombres eran al menos hospitalarios a pesar de su obsesión por buscar oro. Al oír la conversación, pudo ver que se equivocaron con su teoría al descubrir una conspiración tan siniestra y cruel que tenían preparado para sus amigos humanos.
—¡Ofú! —gritó Pulga en voz baja y corrió a buscar a sus amigos gatos.
Salió corriendo hacia una esquina del campamento y volvió con Pelaje y los demás.
—¡Quillo! —les llamó en voz baja, —¡Se va a armar la marimorena!
—¿Qué has oído, Pulga? —contestó Grillo.
—Me he enterado de que estos cazatesoros son piratas... ¡Piratas de verdad! Como los que llevan parches en el ojo y loros en los hombros.
Tras explicarle a sus camaradas; que aún no se creían que aquellos humanos eran piratas de verdad, todo para convencerlos de que lo que oyó y vio era cierto, sus amigos pronto sintieron miedo, sorpresa, horror y pánico. Aunque querían gritar, no podían hacerlo para no despertar a todo el campamento y tampoco sabían que gritar. En vez de eso...
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La Isla Perdida
AventurăInspirada en la novela 'Dos Años de Vacaciones' de Julio Verne, 'La Isla Perdida' cuenta las aventuras de un grupo de niños perdidos en una isla cuando uno de ellos trata de buscar aventuras en el mar, junto a cuatro gatos andaluces parlantes. El gr...
