La tempestad ya había parado y el sol ascendió lentamente iluminando la orilla de una playa en la que la mitad del barco que sobrevivió a la tormenta estaba posada. Dentro de ella, los niños estaban dormidos debido a los golpes que sufrieron. Afortunadamente, ninguno de ellos resultó herido y ninguno de los golpes les causó heridas en la cabeza o en la piel. Una parte de una habitación con provisiones para viajes estaba medio inundada, pero las provisiones estaban intactas y en buen estado. La sala del timón no sufrió ningún daño irreparable, sin embargo, el timón estaba hecho añicos mientras Juan trató de controlarlo en medio de la tormenta antes de que chocara con la gran roca.
El sonido de las gaviotas despertó a los muchachos, quienes lentamente, abrieron sus ojos uno por uno. Al mirar alrededor, vieron que todavía seguían en la mitad del barco intacta, pero no se movía por el agua del mar. ¿Qué pudo haber pasado? ¿Habrán llegado a tierra firme?
Bajaron cuidadosamente del barco y pisaron la suave y cálida arena mirando alrededor y no pudieron creer lo que estaban viendo: enormes palmeras, acantilados lejanos, hasta montañas en las zonas más altas.
—¿Dónde estamos? —preguntó Jenny confusa.
—Creo que estamos... en una isla. —contestó Alex.
—Hubiera sido peor si nos hundiéramos bajo el mar y acabemos siendo pasto de tiburones o pulpos gigantes. —Pedro se echó a reír.
—¡No tiene gracia, Pedro! ¡Cállate! —dijo Johnny furioso.
—¡¿Que estamos en una isla, dices?! —gritó Pablo asustado, —¡No! ¡No puede ser! ¡Decidme que es una broma! ¡Yo no quiero morir de hambre! ¡No quiero morir por insolación! —corrió por toda la playa lleno de pánico.
—¡Y vuelta la mula al trigo! —suspiró Johnny antes de gritarle a Pablo, —¡Que te calles!
Mientras Jenny trataba de calmar a Pablo, Luis y Juan se acercaron a Alex, viendo todavía la isla, incapaces de creer donde estaban.
—Bueno, chaval. —le dijo Juan a Luis, —Te perdono esta vez. Por fin una tierra nueva que descubrir.
—Sí... —Alex frunció el ceño, —¡Y todo por tu culpa! —le dijo a Juan.
—Esto no parece nuestro pueblo. —pensó Toni.
—Tienes razón; y no hay señales, ni faros, ni nada que nos diga dónde estamos. —añadió Pedro.
Johnny pensó un momento y tuvo una idea, —Ya sé. ¡Busquemos a gente que viva aquí y preguntemos dónde nos encontramos! Si ellos no saben dónde viven... ¿Quién lo va a saber?
—¡Buena idea! —sonrió Pedro, —Un buen guía nos debería decir cómo orientarnos, cómo volver a casa...
—Lo primero que necesitamos es... —Johnny iba a hablar pero fue interrumpido por Juan —...inspeccionar el terreno. —dijo.
—Haremos eso luego. —Alex se cruzó de brazos, —La parte del barco en la que hemos estado debe tener lo que necesitemos para sobrevivir. Lo primero que hay que hacer es echar un vistazo a la sala de provisiones. La bodega y el resto de salas se han perdido bajo el mar durante nuestro naufragio, pero la que tenemos a salvo parece estar bien y llena de material necesario: comida, armas, ropa, herramientas, mantas...
Todos se pusieron de acuerdo y volvieron a la mitad del barco para comprobar si había provisiones. A los pequeños les costaba entrar por el boquete porque la mitad estaba un poco torcida y era fácil caerse. Los mayores les ayudaron y todos pudieron acceder a la sala de provisiones; y una vez dentro, para su suerte, encontraron muchas provisiones. Con ellas podían sobrevivir durante al menos uno o dos años. Toni, siendo el más listo, se hizo voluntario para hacer el recuento. Al principio, le resultó difícil contar tanta cantidad de comida, armas y utensilios pero Jenny propuso distribuir el trabajo entre todos.
Luis y Alex contaban la cantidad de comida: barras de pan, arroz, pasta, etc.
Clara ayudó a Pablo a contar los botiquines de primeros auxilios y los objetos sanitarios necesarios por si alguno de los muchachos estaba enfermo, mareado o herido. Pablo, sin embargo, debido a sus miedos y su obsesión por la salud, no paraba de pensar que él podría necesitarlos más que nadie.
Johnny revisó las mantas mientras Juan se encargaba del recuento de armas y herramientas.
Después del inventario, vieron que las provisiones que tenían eran más que suficientes. Podían sobrevivir al menos dos años, y si encontraban comida en caso de que la del barco fuera escasa, un poco más.
Por la tarde, todos se reunieron para una asamblea.
—Bien, esto es lo que haremos. —Alex era la voz y dijo, —Haremos una inspección del terreno. No sabemos donde estamos, aunque es probable que estemos en una isla. Aún así, hemos de asegurarnos. Si estamos en un continente, podemos encontrar gente. Si estamos en una isla, bueno... ya veremos.
—¿Cómo que «ya veremos»? —preguntó Juan con los brazos cruzados.
—Habrá que pensar que hacer. —respondió Alex, —Yo iré delante. ¿Quién está conmigo?
Como respuesta a dicha pregunta; Johnny, Pedro y Juan decidieron unirse.
—Voy contigo. —Luis también quiso ir.
—No puedo, lo siento. —Alex le miró con preocupación, —Solo los mayores podemos ir.
—Oh. —Luis respondió triste con la cabeza baja.
—Sé bueno y quédate con Jenny y tus amigos, ¿vale? Estaremos bien.
Luis respondió con una cálida sonrisa asintiendo con la cabeza.
—No os preocupéis, yo cuidaré de los pequeños. —se ofreció Jenny dejando ir a los chicos a explorar el terreno.
—Gracias, Jenny. —sonrió Alex antes de partir con Juan y los demás.
—¡Alex! ¡Voy contigo! —corrió Pablo en pánico para unirse al grupo.
El grupo salió de la playa y llegó hasta un camino de rocas. Algunas eran grandes y pudieron obstaculizar el camino, por lo que los chicos pisaron las más pequeñas para ir por buen camino. Nada más avanzar un poco más, vieron una enorme selva frondosa. Al entrar, se podía oír el sonido de animales y aves mientras miraban a su alrededor. Pablo tenía tanto miedo que pensó que cualquier cosa que se acercara, pudiera atacarles si tuviera la oportunidad. Oyó un rugido y se asustó, —¡¿Qué ha sido?!
—No lo sé. —Pedro bromeó, —Podría ser un... ¡¡¡Monstruo!!! —gritó asustando a Pablo, quien chillaba tratando de subir a una palmera.
Pablo y Johnny se rieron mientras Alex les llamó la atención, —¡Ya basta! ¡Pedro, no asustes a Pablo!
—Oh, era una broma. —dijo Pedro avergonzado.
Tras bajar y calmar a Pablo, los chicos siguieron su travesía.
De vuelta a la playa, Jenny dio de comer a los tres pequeños con un poco de pan y queso. Ella sabia que no era buena idea gastar las provisiones demasiado pronto y siguiendo las indicaciones que Alex le había dado para cuidar a los pequeños antes de irse, se aseguraba de que al menos comieran y estuvieran bien.
Cuando los niños comieron, se echaron la siesta en las camas estables que había en la habitación de las provisiones. A Clara le costaba coger el sueño porque su cama no era tan cómoda como la de su casa, pero Jenny la ayudó a ponerse cómoda. Mientras los tres niños dormían la siesta, Jenny se quedó en la playa, esperando a que Alex y los demás regresen.
ESTÁS LEYENDO
La Isla Perdida
AdventureInspirada en la novela 'Dos Años de Vacaciones' de Julio Verne, 'La Isla Perdida' cuenta las aventuras de un grupo de niños perdidos en una isla cuando uno de ellos trata de buscar aventuras en el mar, junto a cuatro gatos andaluces parlantes. El gr...
