Capítulo 5

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El barco se hizo a la mar hace unos minutos y al llegar a cierta distancia, ya no se veía el puerto. No sólo eso, si no que los niños estaban en una nave sin ningún adulto que cuidara de ellos y supiera cómo volver a casa.

Los niños: Luis, Clara y Toni tenían miedo al pensar que nunca volverían con sus familias. Clara lloraba porque quería irse ya a su casa y no quería que su madre se enfadara con ella. Mientras Jenny trataba de consolarla y animarla asegurando que volverán todos al puerto, Alex estaba muy enfadado.

—Bueno, Juan, espero que ya estés contento. —se quedó de brazos cruzados mirando a Juan con el ceño fruncido.

—Puede que esté contento. —Juan respondió con la misma cara.

—¡Ya le has oído al Capitán! —Pedro le defendió, —Además esta va a ser una aventura de las buenas. De las que te llevan a lugares increíbles y emocionantes; conoces a gente que te recibe amablemente y te colma de regalos, cantan canciones... ¿por qué siempre tienes que ser tan negativo, Alex?

—Oh, claro. Una aventura de las buenas. Sí, creo que este es el mejor barco que hayas pillado, Juan. No veas la pena que me dan esos pobres marineros que viajan en barcos de tercera. —dijo Alex con sarcasmo a Juan ignorando a Pedro.

—Mira... no recuerdo haberos invitado a ti, a Jenny, al quejica y a los enanos a participar en esta búsqueda. —protestó Juan.

—Chicos... ¿os importa dejarlo..? —Pablo se sentía mareado, —Me estoy mareando con esto de viajar en un barco.

—Pues llévate tus náuseas a otra parte del barco y cállate, anda. —Johnny no podía aguantar más oír los lamentos y quejas de Pablo.

—Así no se le habla a alguien que se marea. —advirtió Jenny a Johnny con seriedad. No soportaba que se metieran con Pablo por su preocupación por su bienestar y salud.

—Aquí el capitán decide lo que es bueno y lo que no. —le contestó Johnny, —Y acepta que yo critique al quejica ese.

Mientras la discusión parecía ir un poco peor, los tres niños escucharon desde el camarote.

—Oh... no me gustan las peleas. —dijo Clara asustada.

—He estado pensando. —Toni se ajustó las gafas mientras Luis y Clara le miraron, —Todo esto no habría pasado si Juan no cogiera este barco para navegar.

—¿Y? —preguntó Luis.

—Bueno... —Toni pensó, —Este barco ha estado navegando hasta el norte. Si diéramos la vuelta, y volviéramos al sur... tendríamos un montón de posibilidades de volver a casa.

—¿Cómo?

—Seguidme. —Toni salió de la habitación mientras Luis y Clara le seguían.

Los tres pequeños caminaban por el pasillo buscando la sala del timón. La idea de pilotar el barco de vuelta al puerto solucionaría el problema. Sin embargo, Juan pudo enfurecerse si se enteraba de que iban a cambiar el rumbo, por lo que se prometieron entre sí no contárselo a los muchachos que estaban con ellos.

En la cocina, la Banda Gatuna descansaba tranquilamente después de la «comilona». Estaban llenos y no podían moverse. Tigre estaba tumbado boca arriba en el cuenco de pasta, Grillo y Pulga estaban sobre una masa de harina y Pelaje se relajaba en el cuenco de sopa vacío.

—Vaya pedazo de cocina que tienen aquí. —dijo Tigre.

—Yo diría exactamente lo mismo que el buffet que nos hemos dado, miarma. —añadió Pulga mientras frotaba su barriga suavemente.

La Isla PerdidaDonde viven las historias. Descúbrelo ahora