La noche era muy tranquila para los jóvenes, que dormían tranquilamente. Alex era el único que tardó en dormirse después de pensar en el beso que compartió con Jenny, aún sorprendido de que ella le amara. El turno de guardia era para Pulga, quien sustituyó a Pelaje como le había prometido. Hacía guardia fuera de la cueva para ver también las estrellas, de tal modo que su turno de guardia fuera menos cansado y aburrido.
—Qué bonitas las estrellas, miarma. —sonrió relajado, —Seré un gato, pero ver las estrellas te dan ganas de soñar que vuelas, ofú.
Miró por todo el cielo contemplando los brillantes destellos que las estrellas emitían iluminando el paisaje nocturno de la selva. Mientras seguía observando, vio una extraña línea pequeña de humo gris, haciéndole bajar la cabeza.
—¿Eh?
Desde lejos, pudo ver el mismo humo que Pelaje vio la noche anterior.
—¡Es el humo que vio Pelaje anoche! —exclamó, —O quizá no.
Pensó por un momento en partir hasta el origen de ese humo o no para no dejar solos a sus amigos. Después de unos segundos en tardar su decisión, asintió con la cabeza y partió hacia la selva. Estaba seguro de que no tardaría en descubrir de dónde venía el humo y que regresaría a la cueva a tiempo mientras avanzaba a cuatro patas ganando velocidad. Al llegar a la selva, atravesó un sendero que llevaba cuesta abajo mientras se acercaba más al origen del humo. No tardó mucho en cruzar un puente de rocas sobre un río, para por fin llegar a su destino. Se detuvo para contemplar un pequeño campamento con una hoguera apagándose poco a poco. Mientras las llamas se iban debilitando con el frio nocturno, el humo que Pulga había visto desde la entrada de la cueva seguía subiendo.
—¡Madre mía...! —susurró Pulga para no despertar a nadie, en caso de que hubiera alguien en la zona que acababa de descubrir. —¿Habrá gente por aquí?
Lentamente, como gato que era, Pulga empezó a caminar con sigilo usando su instinto felino. Miró la primera tienda de campaña y al entrar lentamente en ella, observó un hombre de pelo y barba naranja roncando en su saco de dormir. Tragando saliva, e intentando no despertarlo, Pulga salió lentamente de la tienda. Al suspirar aliviado, decidió seguir investigando. Cualquier información podría ser útil para que los chicos supieran que no estaban solos y que tendrían esperanza y ayuda.
—Será mejor que compruebe si es amable y pacífica la gente de este campamento. —se dijo a sí mismo.
Sin previo aviso, oyó unas risas que le hicieron darse la vuelta. Eran risas de unos hombres y no sabía quien se estaba riendo. Con su instinto felino, pudo acercarse y, escondiéndose detrás de un barril, se asomó y vio a cuatro hombres reírse mientras bebían vino.
El primero tenia pelo y barba de color negro, y su cuerpo era muscular. Su nombre era Jack.
El segundo era Osvaldo, un hombre obeso de labios hinchados con pelo marrón.
El tercero era un hombre calvo llamado Roger.
Y el último era un hombre de pelo negro largo y una cicatriz en su ojo llamado Smith.
—¡En serio! ¡Os lo juro! —dijo Jack a sus compañeros que seguían riéndose, —Le apunté con el arma y al quedarse sorprendido... ¡salió corriendo asustado y gritando como una nena!
Se rió con sus compañeros que no podían aguantar más la risa mientras se contaban chistes y experiencias.
—¡Muy bueno, jefe! —se rió Osvaldo sosteniendo su barriga con las manos porque le dolía de tanto reírse, —¡Pero que muy bueno!
ESTÁS LEYENDO
La Isla Perdida
AdventureInspirada en la novela 'Dos Años de Vacaciones' de Julio Verne, 'La Isla Perdida' cuenta las aventuras de un grupo de niños perdidos en una isla cuando uno de ellos trata de buscar aventuras en el mar, junto a cuatro gatos andaluces parlantes. El gr...
