Capítulo 1

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Un niño llamado Luis, con pelo negro y ojos castaños, se hallaba dormido en la arena de una playa. Sus ojos cerrados mientras él estaba tumbado boca arriba en la arena daban la sensación de que estaba inconsciente, o bien, en un profundo sueño. Mientras dormía, una enorme mariposa azul se posó sobre su nariz. El tacto de sus patas en la nariz era más que suficiente para que el pequeño abriera lentamente sus ojos. Viendo la mariposa volando fuera de su nariz, miró alrededor. El sitio le había sido muy familiar, era un sueño que recientemente había tenido por las noches. ¿Por qué será?

-¿Otra vez esta playa? -se dijo a si mismo confuso.

Pudiendo observar el mar desde donde estaba sentado, Luis pudo observar una mujer contemplando el mar. No podía distinguir a dicha mujer, debido a que era una figura oscura. No se le veía el rostro ni el verdadero color de su piel. Nunca había visto a esa mujer en sus sueños hasta ahora. Levantándose de la arena, Luis se acercó lentamente a la mujer y mirándola durante unos segundos, le preguntó: "¿Quién eres?"

No obtuvo ninguna respuesta de la mujer. Estaba callada, prestando toda su atención al mar mientras la brisa soplaba cálidamente.

-¿Quién eres? -volvió a preguntar Luis, insistiendo.

Oyendo la pregunta del niño, la mujer, aún sin revelar su apariencia, se dio la vuelta y apuntó su mirada al pequeño.

-Te he echado mucho de menos... -le contestó finalmente, aunque no era la respuesta que Luís buscaba.

-¿Cómo? -preguntó Luis confuso.

La mujer le dio una cálida sonrisa y le ofreció la mano. Luis la miró detenidamente, con una mirada de curiosidad, y finalmente, se dispuso a cogerla con la mano derecha. Pero, cuando estaba a punto de cogerla...

-¡Luis! ¡Despierta de una vez o llegarás tarde al colegio! -la tía Edna, una mujer con pelo marrón movía suavemente los brazos de Luís para despertarlo.

-¡Ah! -despertó Luís asustado cuando sentía que alguien lo sacudió, -¿Tía Edna?

Luis miró alrededor y se encontraba en su habitación, acostado en su cama, rodeada por un armario y una estantería con libros y juguetes.

-Sólo has tenido un sueño. -Edna le acarició la cabeza sonriendo, -Vamos, dormilón. Vístete y a desayunar, que hoy es el último día de colegio.

Luis obedeció, y sin tardar ningún segundo, fue a lavarse, a vestirse, y a desayunar con su tío Manolo.

Manolo era un hombre con el pelo negro y bigote bien ajustado, y era el marido de Edna. A Manolo se le conocía en el pueblo por su carácter amable y por su negocio de vender frutas en un carro con ruedas que llevaba al pueblo.

-Estarás contento, ¿eh, campeón? -le preguntó a su sobrino con una sonrisa, mientras Luis desayunaba, -Después de todo... ¡ya es verano!

-¡Así es! -contestó su sobrino con entusiasmo, -¿Dónde vamos a ir este verano, tío Manolo?

-Aún no lo hemos decidido, tesoro. -le contestó su tía Edna, -Ya sabes que tu tío, de vez en cuando, es un indeciso.

-Oh. -Luis se sentía un poco decepcionado por no obtener la respuesta que quiso.

Cada verano, Luis y sus tíos planeaban el destino de viaje. Unos días iban a un pueblo vecino que tenia un lago donde pescaban, y otros a las montañas. Algunos años, sin embargo, les costaba decidir adónde ir.

-Pero no te preocupes. Ya decidiremos adónde ir. -le aseguró el tío Manolo a Luis. -Por ahora, disfruta del último día de clase. Tus amigos estarán ahí también. Y habrá fiesta, comida... ¡y juegos!

Esto hizo que Luis se pusiera contento. Sus amigos: Clara y Toni, estaban en el mismo colegio que él, y en la misma clase. Los tres vivían muchas aventuras y estaban siempre juntos. Era una oportunidad estupenda para ver a sus amigos hasta septiembre, en caso de que no pudieran ir con él a sus vacaciones, ya que sus familias también habrían decidido adónde ir de vacaciones.

Después de desayunar, Luis se fue con su tío al carro y se subió en él mientras su tío lo llevaba sosteniendo los dos extremos delanteros corriendo. Manolo siempre llevaba el carro de esta manera, cuando trabaja llevando mercancías y entregas por todo el pueblo. El era muy fuerte y al acostumbrarse a este trabajo, no le costaba nada llevarlo. Sobre todo con su sobrino montado en él.

Mientras tanto, en el colegio, un muchacho de pelo marrón, llevando una camiseta gris sin mangas, pantalones cortos rojos y zapatillas, se apoyó al muro de la entrada del colegio, viendo a todos los niños del colegio jugar en el patio. Era Juan.

-El último día de colegio. -dijo después de lanzar un bajo suspiro, -Los niños disfrutando de tal evento. Hay que ver lo felices que se ven todos. ¿A quién no le encantaría este lugar? Pues, para ser sincero... a mí. El patio, la comida del comedor, estar con tus amigos. Todo eso está muy bien, pero... Nada ha cambiado en este pueblo, y últimamente, se ha estado volviendo monótono. Ni siquiera en verano, hay cosas que me animen. Lo único que podría animarme es ver lo que hay en el mar. Descubrir nuevas tierras, vivir nuevas aventuras... Espero que hoy encuentre algo que valga la pena. -se dijo a si mismo.

Empezó a caminar y se encontró con otro muchacho. Era rubio, con ojos castaños, una camiseta negra, pantalones cortos blancos y chanclas.

-¡Alex! Justo el piltrafilla que quería ver. -Juan sonrió al chico que se dio la vuelta para verle.

-Vamos, Juan. Ya me he acordado de tu recompensa por ganarme en la carrera de ayer, ¿vale? No hace falta que me hagas la pelota. -Alex le contestó.

-Iba en serio, tío. Me alegra verte. -le aseguró Juan sinceramente.

-Vale, me has pillado. -sonrió Alex enseñando los dientes, -Tengo la bolsa de caramelos que me pediste, pero con tantas cosas que hacer no me ha dado tiempo cerrarla.

Cuando Alex le entregó los caramelos que le prometió, Juan cogió unos cuantos para comérselos.

-Te veo un poco desanimado. ¿Te ocurre algo? -Alex notó una cierta expresión de aburrimiento en la cara de su amistoso rival.

-Es que empiezo a verlo todo igual y cansa. -suspiró Juan, -Si no pruebo algo nuevo, me voy a estancar y me volveré loco. Necesito explorar sitios nuevos.

-¿Se lo has contado a tus padres? ¿Les has intentado convencer que te lleven a un sitio nuevo este verano?

-Lo he intentado. Pero mi padre no puede coger vacaciones porque el Sr. Ranches sigue viéndole como un esclavo. Y no tenemos dinero suficiente para ir a ningún sitio.

-¿Ranches? He ido que es uno de los marineros más poderosos que existen. Es decir, siempre ha encontrado riquezas en distintos lugares e islas. Algunos lo ven como un héroe.

Juan se quedó pensativo. Escuchando lo que Alex le había contado, trataba de encontrar una posible solución a su problema. Sin embargo, la campana empezó a sonar, señal de que todos los niños iban a entrar al comedor para la fiesta de fin de curso.

-En fin, ya nos veremos, Alex. Hasta pronto. -dijo Juan antes de entrar en el colegio.

Alex no podía evitar mirar con conciencia y confusión a su amigo. Sin perder ningún segundo, él también entró para esperar a que empezara la fiesta.

Mientras tanto, Luis, al atravesar las puertas de entrada a la escuela, se encontró con sus dos mejores amigos: Clara, una niña con pelo marrón; y Toni, un niño con gafas.

-¡Luis! ¡Por aquí! -llamó Clara al ver a su amigo corriendo hacia ellos.

-¡Hola, chicos! -contestó Luis llegando hasta ellos.

Los tres amigos se contaban sus planes de verano, las notas que sacaron durante todo el curso y muchas cosas mientras entraban en el comedor para la fiesta.

La Isla PerdidaDonde viven las historias. Descúbrelo ahora