Doce

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DANIEL
Verla dormir entre mis brazos era lo más bonito que hacía desde hace tiempo. Se había dormido sonriendo mientras yo le acariciaba con mis dedos su brazo desnudo.
Respiraba tranquilamente con su cabeza apoyada en mi pecho.
La iba a hechar muchísimo de menos. No podía explicar como, en tan poco tiempo, se había convertido en alguien tan especial para mí. Y encima estaba perdidamente enamorado de ella.
La besé en la cabeza, cerré mis ojos y me quedé dormido.

MARI
Cuando desperté, no podía creer que él estaba allí conmigo en la cama. Lo observé un poco mientras dormía. Se veía tan... Inocente.
Su pecho subía y bajaba en una respiración tranquila y dulce.
Me volví a recostar sobre la almohada, el reloj solo marcaba las seis de la mañana. Podía dormir a su lado un poco más. Me giré, dándole la espalda a Daniel que, instintivamente, se giró hacia mí, abrazándome con un brazo, quedándonos en esa forma de "cucharita". Sonreí. Cerré mis ojos y me volví a dormir un poco más.

Cuando me volví a despertar, Daniel no estaba ya en la cama. Me levanté, me puse el pijama y salí de la habitación. Me lo encontré en la cocina, haciendo el desayuno.
Se acercó a mí, me besó rápido en los labios y me dijo:
-Buenos días, princesa. Siéntate, ahora te llevo el desayuno.
Nunca lo había visto tan animado, así que me fui para el salón y me senté a la mesa. Él llegó con una bandeja, con zumo de naranja, tostadas y café.
Nos dispusimos a desayunar. Le veía un brillo en los ojos que nunca le había visto.
- ¿Te sucede algo?- preguntó.
- No, no... Sólo te miraba mientras hablaba.
Me había pillado mirándolo embobada. Rió mientras se pasaba una mano por el cabello.
Soltó su taza y agarró mi mano.
- Lo que pasó anoche, fue precioso.
Noté como mis mejillas se sonrojaban. Sonreí tímidamente.
- No pensé que esto pasara aún, pero me alegro.- dije.
- Yo tampoco, pero también me alegro.- dijo él y con su mano libre acarició mi mejilla- Adoro cuando te sonrojas.
Volví a sonreír.
No quería que esos momentos terminarán tan pronto, pero en unos días tenía que volver a mi rutina de costumbre.
Terminamos de desayunar y, mientras Daniel recogía los vasos y platos del desayuno, fui a ducharme.

Los últimos días pasaron demasiado rápido. Ana volvió de su viaje y nos encontramos esa noche de viernes en el salón de su casa, cenando con Daniel.
-¿En serio tú y él...?- empezó a decir cuando Daniel se levantó para ir al baño.
- ¡Calla! No se te puede contar nada...
Mi amiga empezó a hacer gestos, pero le pegué una patada por debajo de la mesa justo en el momento que mi novio volvió al salón.
Pasó su mirada de mi amiga a mí varias veces.
-¿Sucede algo?- preguntó extrañado.
-Nada... Esta mujer que me estaba contando cosas de su viaje- contesté.
- Si, si... De mi viaje...- respondió Ana en tono irónico.
Daniel se encogió de hombros y se sentó para terminar de cenar.
A veces Ana era de lo más impertinente.

El sábado por la mañana, Daniel me llevó a desayunar a un pequeño bar que conocía cerca de donde vivía con mi amiga. Fuimos dando un paseo, agarrados de la mano. Aquel día, se puso unas gafas de sol y una gorra, disimulando así quien era. No me importaba aquello, solo quería pasar las últimas horas con él. Llegamos y nos sentamos en un reservado. Así evitamos miradas, me había dicho.
Desayunamos tranquilos, hablando de cosas comunes. Parecíamos una pareja normal, cualquiera que nos viera, vería a una chica de veintiséis años y a un chico de treinta y un años desayunando, salvo que resulta que el chico era de los actores más famosos de Gran Bretaña.
Pero en aquel momento, no importaba. Sólo quería estar con él.

Después del desayuno, fuimos hacia casa de nuevo. Mi avión salía en pocas horas. Ya tenía mi equipaje preparado, Ana me había ayudado aquella noche de viernes cuando Daniel se marchó.
Llegamos y mi amiga estaba allí. Se levantó del sofá y me abrazó como nunca. Se separó de mí y se dirigió a Daniel, a quien se abrazó también.
- Gracias por hacerla tan feliz desde el día en que te vio la primera vez, aunque fueras un renacuajo de once años. Pero sé, - me miró- que estos dos últimos meses han sido los mejores de su vida.
Ana tenía la agilidad de decir todo lo que pasaba por mi mente y yo no me atrevía a decir. Parecía leerme la mente. Aunque a veces metía la pata hasta el fondo.
Daniel le besó en la mejilla y le dijo:
- A ti te debo que ella se cruzara en mi vida. Y- con esto provocó la risa de los tres,- gracias por llamarme renacuajo con once años.
Recogí mi equipaje en la que había sido mi habitación. Fui sola para recoger mis últimas cosas. Guardé una última foto que tenía en la mesita de noche. Era una foto con Daniel conmigo, fue del día de su cumpleaños. Ambos salíamos sonriendo. Nos la había echo Ana, en la casa de éste, donde celebró una pequeña fiesta con los amigos más cercanos.
Cerré la maleta y me dirigí hacia el salón donde estaba mi amiga y mi novio. Los noté tristes. Ambos me iban a acompañar al aeropuerto.
- Voy a bajar mientras tu maleta. Os espero abajo. - dijo mi amiga quien cogió mi maleta y se fue con ella.
Cerró la puerta cuando salió y Daniel, en ese momento, se giró hacia mí, agarrándome por la cintura y besándome.
- No te imaginas lo que te voy hechar de menos.
- Y yo a ti, Daniel.
No quise llorar cuando me abrazó fuertemente. Bajamos agarrados de la mano y así nos mantuvimos en el taxi camino al aeropuerto.
Pero no pude aguantar las lágrimas cuando tuve que entrar por la puerta de embarque. Abracé a mi amiga y a mi novio, quien se había puesto de nuevo la gorra y las gafas de sol.
- Cuando menos lo esperes, nos veremos de nuevo- dijo el chico y me besó por última vez.
Asentí, no podía hablar. Con un gesto de la mano, les dije adiós y entré por la puerta de embarque, dejando atrás a dos de las personas más importantes de mi vida.

El verano de mi vida (Completa)Donde viven las historias. Descúbrelo ahora