"¿Cómo se lo digo?, ¿cómo se lo digo?".
Esas palabras me rondaban por la mente una y otra vez desde que llegué a casa. No me atrevía a llamarlo por teléfono. No iba a mandarle un WhatsApp. No sabía qué hacer.
Me sobresalté cuando el teléfono sonó. Me puse aún más nerviosa cuando vi su nombre en la pantalla de mi móvil.
- Hola, cariño, ¿Qué tal?- lo saludé intentando tranquilizarme.
- Hola, mi vida. Te llamaba para decirte que, mañana al medio día, estaré en casa. El rodaje se va a retrasar un mes por problemas en el set. Así que mañana nos vemos. Tengo muchas ganas de verte, Mary.
- Yo también. ¿Qué problemas hay?
- Pues tienen que pedir permisos para grabar en varios sitios y aún no lo conceden.
-¡Ah, vale! Pues nada, mañana te tengo aquí de vuelta- dije intentando sonar alegre.
-¿Te pasa algo?
¡Mierda!
- No, tesoro, no me pasa nada. Sólo que ha sido un día largo y no me esperaba que me dieras esta noticia. ¡Qué bien que vuelvas tan pronto!- dije y mi mano se posó en mi vientre.
- Si, ha sido una sorpresa. Bueno, mañana te llamo cuando esté llegando. Como es sábado, podríamos ir a cenar con Tom y Ana, ¿te apetece? Ya me ha dicho Tom que están de vuelta.
-¡Claro!
- Pues estupendo. Bueno, cariño, te tengo que dejar. Mañana te veo. Te quiero.
- Vale, hasta mañana. Te quiero, Dan.
Y colgamos.
- Bueno, cosita, a ver cómo le decimos a papá que estás en camino.- dije con mis dos manos en mi vientre.
Aquella mañana de sábado, me levanté como lo hacía últimamente, directa al baño. Las náuseas matinales eran de lo más divertidas, que se vea el sarcasmo.
Me lavé los dientes, me duché, me puse algo cómodo y bajé a desayunar. Estaba comiéndome la tostada, cuando mi móvil empezó a sonar. En la pantalla, su nombre.
Daniel.
- Hola, tesoro.
- Hola, cariño. Estoy llegando a casa. Te veo en cinco minutos.
- Perfecto.
- Te quiero.
- Y yo.
Colgamos y terminé de desayunar. Lo recogí todo en un momento, justo cuando llamó a la puerta. Fui a abrir y allí me lo encontré. Me abalancé hacia él, literalmente. Le llené la cara de besos.
- Como se nota que me echabas de menos.
- Muchísimo.
- Entremos a casa. Yo también te he echado de menos. - dijo mientras entrábamos en casa.
Dejó la maleta al lado de las escaleras para el piso de arriba y nos dirigimos al salón. No llevaba ni un segundo sentada, cuando me volvieron las náuseas. Me levanté corriendo para el baño. Daniel, alertado, vino detrás mía.
-¿Has comido algo que te ha sentado mal?- preguntó mientras yo me lavaba la boca.
Negué con la cabeza girandome hacia él.
-¿Entonces...?
Me acerqué a él, le cogí las manos y las puse sobre mi vientre.
- Lo logramos, papi.- le dije con una sonrisa.
-¿Es en serio?- preguntó abriendo los ojos.
Asentí.
-¡Oh, Dios, por fin!- exclamó y me abrazó llorando.
Yo también lloré.
Me soltó y me besó en los labios. Después, se arrodilló y me besó en el vientre.
- Vas a ser el niño o la niña más querida del mundo. Has tardado mucho en llegar. Pero tus padres estamos locos de contento contigo. Y vas a tener a la mamá más guapa del mundo, eso tenlo por seguro.
Reí entre lágrimas. Daniel me miró emocionado. Se levantó y volvió a besarme.
- Te voy a consentir en todo lo que quieras, de verdad. Ni a ti ni al bebé os va a faltar nada.
- Daniel...
- Me acabas de hacer el hombre más feliz del mundo, mi amor.
Volví a llorar. No sé si eran las hormonas o la situación o lo que fuera. Pero no podía parar de llorar.
Sabía más que de sobras que Daniel iba ser el mejor padre del mundo.
Aquella noche cenamos con Tom y Ana. Nos invitaron a cenar a su casa al instante de decirles de ir a cenar.
Llegamos sobre las ocho de la tarde y Ana nos recibió junto a Willow, la perrita de Tom.
Ya tenían la cena preparada, solo para servirla.
- Tenemos algo que deciros- dijo Ana.
- Nosotros también- dije yo.
- La señora primero- dijo Tom.
- No, mejor vosotros- dijo Daniel.
Los cuatros nos miramos y nos reímos.
- Nos casamos- dijo Tom aplaudiendo.
- Vamos a ser papás- dijo Daniel cogiéndome de la mano.
-¿Qué?- gritamos mi amiga y yo mirándonos.
-¿Estás embarazada?- preguntó Ana levantándose de la mesa.
- ¿Y tú te vas a casar?- pregunté yo haciendo el mismo gesto que mi amiga.
Nos abrazamos, riendo y llorando como crías.
- No me lo puedo creer, voy a ser tita- dijo Ana emocionada.
- Ya era hora, Potter- dijo Tom dándole a Daniel en el brazo.
Se levantó y se dirigió a mí, abrazándome.
- Enhorabuena, Mary. Me alegro mucho por los dos, de verdad. Sé muy bien lo que os ha costado esto. Espero que al menos se parezca a tí, y no a ese que está ahí sentado- dijo bromeando.
- ¡Tom!- lo reprimió mi amiga.
Me reí.
- Y tú, Malfoy.¿Como es que te casas?- preguntó Daniel desde su asiento.
- Esta mujer española me tiene embrujado.- respondió Tom acercándose a Ana.
Mi amiga abrió los brazos y se abrazó a su novio, quien le agarró de la cintura.
Me senté mientras Ana respondía.
- Las españolas somos así. Mírate tú también, Daniel. Casado y futuro padre con una española.
- Cierto, Ana. Cierto.
Nos sentamos y empezamos a cenar.
La noche, después de aquellas sorpresas, estuvo animada, hablando de todo. Miraba a Ana, a Tom y a Daniel y me parecía mentira lo mucho que había cambiado mi vida en apenas tres años.
Daniel no soltó mi mano en toda la noche. Al volver a casa y meternos en la cama, se abrazó a mí, besando antes mi vientre. Aquel gesto se convertiría en habitual los siguientes meses.
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El verano de mi vida (Completa)
Fiksi PenggemarMary no sabía todo lo que le podía suceder en Londres cuando fue a ver a su amiga. Conocer al que sería el amor de su vida era una de las pocas cosa que le podían suceder. ¿Y si añadimos que era su actor favorito?
