Ocho

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DANIEL.
De alguna manera, no me esperaba que me dijera que sentía lo mismo que yo. Tampoco me esperara que rompiera a llorar.
Nos quedamos mirándonos unos segundos. Noté una sonrisa tímida en sus labios. Levantó su mano hacia mi cara y la colocó en mi mejilla.
-¡Oh, Daniel!- exclamó y puso su cabeza sobre mi pecho mientras bajaba su mano.
Suspiró.

MARI
Ahora, después de confesarle que estaba enamorada de él y saber que él lo estaba de mí, estaba más tranquila.
Mantuve mi cabeza sobre su pecho unos minutos y él me tenía abrazada entre sus brazos.
Noté cuando me besó en la cabeza.
- Esto es tan raro... -dije
Y la verdad es que si, me parecía raro. El día que me subí a ese avión no me esperaba que todo esto sucediera pero ahora, me alegro de todo esto.
Me separé un poco de Daniel. Él aún seguía con sus brazos alrededor de mi cintura. Nos quedamos mirándonos fijamente a los ojos unos segundos. Sentí que mis piernas temblaban un poco. Me separé completamente de él y fui a sentarme. Daniel me siguió. Se sentó a mi lado, cogiendo mi mano. Entrelazó sus dedos con los míos. Me quedé mirando ese simple gesto.
-¿Qué te pasa?- preguntó.
- No sé cómo definir este momento, Daniel.
Sonreí un poco y él me devolvió la sonrisa.
- No te preocupes por nada, Mary. Ha sucedido y ya está.
- Llámame loca, llámame fan desquiciada o como quieras, pero había soñado mil veces este momento desde que te vi en la primera película de la saga. Y ahora, míranos.
- No te voy a llamar de ninguna manera como tú has dicho. A veces, pasan estas cosas. No me dirás ahora que te arrepientes de sentir esto, ¿No?
-¡No! Jamás...- respondí y le acaricié la mejilla.
Ahora el que suspiró fue Daniel. Luego, me volvió a mirar. Sentí como se acercaba más a mí. Mi corazón empezó a latir otra vez demasiado rápido.
- Mary... - dijo mi nombre en un suspiro y juntó su frente con la mía.
Y de repente, sucedió.
Sus labios rozaron los míos en un suave beso.
Un segundo, dos, tres... No sé cuántos segundos pasaron nuestros labios unidos. Besaba tan dulce...
Nos separamos y, no sé por qué, me entró un ataque de risa. Daniel me miró incrédulo.
- ¡Ains! Per...perdón, Daniel... No... No sé que me ha pasado- dije intentado calmarme. - Son los nervios.
Daniel sonrió.
- No pasa nada, entiendo. Mejor que rías a que llores.
Asentí sonriendo.
No sé por qué razón me entró aquel ataque de risa.
Nervios, eso sería.
Jamás pensé que eso sucedería. Sólo ha sido un beso, pero sé que vienen cosas muy buenas a partir de ese momento.

El verano de mi vida (Completa)Donde viven las historias. Descúbrelo ahora