13. El atentado

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Capítulo 13 - El atentado

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Capítulo 13 - El atentado

Gerónimo Smith, entró a la famosa galería Harrods del centro londinense. Las altas temperaturas continuaban, las mañanas eran húmedas y calurosas. Tenía una importante junta con clientes. El guardia del lugar, lo saludó con la cabeza. Gerónimo ingresó al bar y los clientes le hicieron seña.

-Buenas días, señor Smith.- Lo saludó una anciana.

-Buenos días...lamento la tardanza.

-Por favor, pasaron cinco minutos.

-Estuve estudiando su caso, Amalia.

-Trátame del tú, ¡que no estoy tan vieja! - sonrieron.

Muy cerca de ellos, un hombre de nariz prominente, cabellos claros, los miraba mesa estaba a tres metros. Sacó el móvil, y redactó un mensaje a su cómplice. "Lo haremos hoy, Matthew, no quiero un puto error, ¿me oyes? Prepara los explosivos"

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NUEVA YORK - MANHATTAN

El departamento de Muna estaba ubicado en una zona muy bonita. Tenía dos pisos y cuatro habitaciones para huéspedes, las cuales utilizaba para alojar a su familia en días festivos. Le encantaban las reuniones familiares, aunque a veces tuviera que aguantar a su padre Rene, con comentarios molestos : "¿Cuándo vas a casarte, hija? ¡Quiero un nieto!" A lo que ella contestaba cansinamente: "nunca papá, el matrimonio no está en mis planes". Le sobraban los motivos para no pensar en una boda. El primero era que no tenía ni un candidato decente. Sí, le encantaba Ethan McAllister, era un hombre de treinta y cinco años, pero la verdad es que no lo amaba. Lo único que compartían era la cama, una vez por mes. Alguna que otra vez fueron a cenar, la relación se reducía a eso. Muna dudaba que pudieran avanzar, y por otro lado, su cabeza estaba metida al ciento por ciento en su carrera. No se imaginaba conviviendo ni teniendo hijos con Ethan, alguien tan fanático de su trabajo como ella. No se verían nunca.

El primer fin de semana libre que decidió tomarse en años, para salir con sus amigas, Muna ya lidiaba con otro problema. La venta de los dúplex que le dejó Muriel en Londres estaba resultando un dolor de cabeza. Frustrada, iba y venía hablando por teléfono.

-Michael, la verdad es que es un incordio viajar a Inglaterra por este asunto.- le dijo, intentando mantener la cordialidad.

-No voy a hacerte una transferencia por un millón de libras. Es una fortuna.

-¿Tengo que viajar hasta allá? - Lily y Justina se miraron negando con la cabeza.

-A menos que sepas volar, no te quedará otra. - dijo Michael, bromista.

-¡Esto es serio, Mike!

-Ya, no te enojes. Te estoy abonando el diez por ciento más, igual te quejas. Con ese dinero puedes comprar el pasaje...-dijo resolutivo.

El cielo es el límiteDonde viven las historias. Descúbrelo ahora