Unos días después...
Todo pasaba tan rápido...
Ya me conocían.
Ya me lo permitían.
Ninguna de las dos mujeres había dicho nada a Jake, el hombre de los colmillos blancos. Y temía que algún día lo hicieran.
No imaginas cuánto las amaba.
—¡Míaa! —gritó Judith a su hija desde la otra punta de la casa.
—¿Sí mamá?
—¿Cómo se llamaba, cielo? —Recordó el nunca haberlo preguntado.
—¿Él, mamá?
—Exactamente.
—Hakoon —dijo alegremente.
—¿Ha...Ha...Hakoon? —se sostuvo a la pared tambaleándose—. Mía...
—¿Mamá todo bie'?
Ella suspiró mientras veía todo su alrededor dar vueltas. Se aferraba a la columna con uñas y dientes.
Sólo 1 hora y papá volvería a casa...
Aguanta solo una hora...
—Hakoon...
—Hakoon Beckett...
Y se desplomó con la voz quebrada, golpeándose la cabeza contra el suelo. Inconsciente. Sus articulaciones se retorcían en el suelo de forma verdaderamente extraña.
—Hakoon Beckett...
...
Despertó admirando sobre sí un liso techo compuesto por claraboyas azules, que adornaban la habitación con la misma luz que una mañana en un garito marítimo.
Apenas podía moverse, le dolía todo.
Bajó la vista para encontrarse con un cuerpo borroso vestido de bata de enfermo. El suyo.
Tenía, rodeando con presión su cabeza, unas vendas blancas. La aprisionaban, la encarcelaban.
Ni Jake ni Mía estaban con ella en la habitación. Sólo yo.
Estaba muy desorientada, miraba confundida hacia todas partes, intentaba acomodarse sobre la inestable cama de hospital sobre la que descansaba.
—Señorita Schwarz, veo que ya se ha despertado —exclamó desde la puerta la Dr. Elle—. ¿Cómo se encuentra?
—Doctora; bien y —tardó unos segundos en preguntar—, ¿cómo... cómo es que he llegado aquí?
—Es una gran historia. —Caminaba con decisión por la sala mientras colocaba sobre la mesita aparatos médicos—. Más tarde hablaremos. ¿Necesita que llame a alguien?
—¿Y mi familia?
—¿Familia? Usted vino en un coche acompañada de un hombre, que dice ser tan solo su amigo.
—¿Nadie ha preguntado por mí?
—No señora.
—¿¡Y mi hija!? —Dio señales de alteración y la Dr. Elle tuvo que impedirle salir de la cama.
—Usted no tiene hijos señora, relájese.
—¿Disculpa?
—Señorita Schwarz, usted no tiene ni hijos ni familia. La trajo aquí un joven de pelo castaño y ojos azules en un coche beige —me miró para asegurarse de decir bien el modelo—, en un Ferrari 250 GT que estaba en pésimas condiciones.
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Hakoon
Science FictionHakoon Beckett es un chico de unos 24 años que causa un accidente en el pueblo de Limber. Tras su muerte, deja en vida a su apreciada hermana y a la mujer a la que hirió en aquel choque de vehículos. De una manera u otra, consigue comunicarse con am...