- Deja de temblar, no hay por qué temer, si realmente le agradas a Donna ella no te matara - lloro al saber que no tengo escapatoria - Ay por dios, fue broma, no se puede con éstos mortales.
¿Cómo piensa que me sentiré después de decirme esa aberración?.
Cuando terminó de peinarme y vestirme como su muñeca, salimos.
Hora estoy aquí siendo llevada sobre mi voluntad por Daniela que sigue entusiasmada diciendo que entre Donna y yo está apunto de surgir el "amor".
Me siento como un cordero en sacrificio, lo que sea que vaya a pasar se que no será nada bueno tratándose de esta familia de asesinas caníbales.
Respiro ondo una vez que nos encontramos de frente en la habitación que le fue asignada a Donna.
- Tía Donna, te traigo un obcequio.
Obcequio...soy solo un objeto para ellas.
- Me emocionan los regalos - es la muñeca quién abre la puerta - ¿Y dónde esta? - sus espeluznantes ojos pasan de mi a Daniela.
- Justo aquí - Daniela me empuja hacia adentro de la habitación con Donna y cierra la puerta.
- No, sácame de aquí - digo forcejeando en la puerta intentando abrirla sin éxito.
- Que se diviertan tortolas - canturea Daniela detrás de la puerta - agradece que tienes esta oportunidad Ileana.
Después escucho sus pasos alejarse.
- ¿Que va a ser de mi ahora? - murmuro entre sollozos.
- Pobrecita - escucho decir a la mujer detrás de mi.
Me doy rápido la vuelta.
La miro helada de pánico. Su apariencia en la oscuridad de la habitación es escalofriante, como un fantasma y esa horrible muñeca que sostiene solo la hace ver más aterradora.
Solo puedo distinguir su silueta negra.
- Por favor, no me mates te juro que yo no quería estar aquí - pero solo hay silencio.
Un silencio inquietante, pues cualquier cosa puede estar apunto de pasar tratándose de esta familia.
La veo dejar a la muñeca sentada sobre el tocador y venir a mi dirección.
Me alejo retrocediendo hacia atrás asta que mi espalda topa con la puerta. Donna sigue acercándose, invade todo mi espacio, dejándome acorralada.
¿Que está haciendo?.
- Eres bonita, Ileana, quiero que seas mi nueva muñeca.
La miro aún más aterrada pero en el fondo siento que estare más a salvo con ella que aquí en el castillo.
- ¿A qué te refieres con eso?, ¿vas a matarme y disecarme?
No me responde y solo extiende su mano para acariciar mi rostro, limpiando mis lágrimas.
- Tu piel es tan suave como la porcelana - susurra.
- No me lastimes...- suplico.
Detiene sus caricias y se queda quieta, puedo sentir como me obcerva por detrás de ese oscuro velo negro.
Se aparta y vuelve al tocador de dónde toma a la muñeca, esta se empieza a mover y hablar de nuevo, como si tuviera vida propia.
- Déjame darte un viaje único.
La cara de la muñeca acercándose es lo único que recuerdo después de esa frase dicha por Donna.
El resto de mis recuerdos son borrosos, solo se que pude visualizar lo que sería mi vida si estuviera lejos de esta villa, que es justo lo que siempre quise.
Nota: Ya no tengo justificación a mi tardanza 😞
ESTÁS LEYENDO
Orquídea
Fiksi PenggemarDonna Benneviento Advertencia: Historia no apta para todo público, contiene escenas +18
