Al salir de la mansión Beneviento una horrible sensación de soledad vuelve a habitar en mi sentir.
Y era de esperarse pues al fin había encontrado aunque sea un poco de cariño y compasión en Donna pero pronto tendría que abandonarla para escapar de la malvada madre Miranda.
Supongo que tengo la suerte de poder escapar ahora...
Suspiró y volteó una última vez a esa mansión donde fuí acogida con tanta hospitalidad de sus curiosas habitantes marionetas y su titiritera.
Entonces comienzo a caminar escuchando el crujir de la nieve bajo mis botas de cuero, perdiendome en la intensa neblina nevada.
Me preguntó si en verdad estaré a salvo aquí afuera.
Me abrazo a mi misma aferrandome al enorme abrigo que Donna me obsequio antes de mi partida.
Continuo caminando en dirección del pueblo, quizá ellos sepan indicarme alguna ruta y cómo podría bajar de esta montaña sin morir de hipotermia en el intento.
Al llegar la primera en recibirme es una anciana sosteniendo un bastón adornado con cráneos de animales y... ¿humanos?.
Pero que miedo da está ansiana, ¿será conveniente acercarme?.
Supongo que no importa, tengo que actuar rápido o Miranda me encontrará antes de que pueda escapar.
Aceleró el paso tanto como la nieve me lo permite hasta estar a unos pocos metros de esa misteriosa señora.
- ¿Disculpe? - de pronto un terrible presentimiento de peligro me dice que no es buena idea acercarme a ella.
Pero ya es demasiado tarde, la anciana ya me ha dirigido su tétrica y aterradora mirada con cataratas en los ojos.
- Has llegado justo a tiempo - la anciana me toma de la mano sin darme oportunidad de reaccionar - Te estaba esperando - comienza a arrastrarme con ella.
- Espera, no sé quién eres - intento safarme de su huesuda mano pero es más fuerte de lo que debería ser en una mujer de su edad - ¡Suelteme! - grito desesperada.
¿Que le pasa a esta anciana?.
- Vas a despertar a los vecinos - dice con algo de burla en su tono.
Al ver que para nada estará dispuesta a soltarme, me tiro al suelo en un intento de hacer más difícil su cometido de llevarme.
Pero no parece que este funcionando.
Oh no que debo hacer ahora, tan pronto como salí ya estoy siendo secuestrada, ¿de verdad soy tan idiota?.
- ¡Oye detente! - a lo lejos suena la voz de un hombre, dándome un alivio instantáneo.
- ¡Ayuda, ayuda! - exclamo desesperada.
La ansiana asustada por la presencia de el señor termina soltandome por fin dejándome libre para desaparecer de la escena.
Respiro agitada mientras me mantengo quieta sin quitar la mirada de dónde se ha ido la ansiana.
- ¿Estás bien?, ¿Te hizo algo? - pregunta el sujeto desconocido detrás de mí. Escucho sus pasos acercándose hasta que su mano se posa sobre mi hombro pero no dura mucho pues yo rápido me he girado para apartarme y evitar a toda costa cualquier contacto físico - Tranquila, ¿quién eres?, ¿de dónde has salido?, no te había visto antes por aquí.
- No me hagas demasiadas preguntas - digo aún alterada - Solo dime, ¿cómo puedo irme de esta montaña?.
- ¿De que hablas?, eso es casi imposible.
- Tenemos que irnos o moriremos todos.
- ¿Vienes de el castillo?.
- Exactamente, por eso mismo te lo digo, tenemos que irnos.
- Yo sé lo que sucede ahí, pero descuida ya estarás a salvo con la protección de madre Miranda en la aldea...
- ¡No! - lo interrumpo.
Esto no tiene sentido, ella se ha encargado de lavar el cerebro de esta gente.
Me giro y comienzo a caminar sin rumbo ignorando por completo al hombre que hace unos segundos había pensado que sería mi salvación.
Tengo que ser fuerte y sobrevivir por Donna, se lo prometí...
Bajaré de la montaña, encontraré la cuidad, después les contaré a todos las atrocidades de este lugar y traeré ayuda para salvar a Donna.
Suena como un buen plan...pero estoy muy asustada.
Continuo caminando cada vez más rápido, mientras lo hago dos cuervos salen de entre las ramas de los árboles y comienzan a atacarme bloqueando mi visión.
¡Esto no puede ser sierto!.
- ¡Alejense de mi asquerosos pájaros carroñeros! - grito dando manotazos aleatorios a mi alrededor.
Y todo se vuelve peor aún cuando la tenebrosa y malvada risa de Miranda resuena a poca distancia.
Estoy acabada...
- Sabía que serías una molestia - ahora la escucho justo detrás...
ESTÁS LEYENDO
Orquídea
Fiksi PenggemarDonna Benneviento Advertencia: Historia no apta para todo público, contiene escenas +18
