Capitulo diecinueve.

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Octubre 30, 2021.

Macarena.
La luz del día azotaba mis ojos, no era la mañana para nada y lo sabía a la perfección, era probable y entendible que mi hermana y padre me permitieran dormir hasta tarde, toda la noche se basó en mis desconsolados sollozos en la soledad y oscuridad, pedí la habitación para mi solamente y la Jose durmió con con nuestro padre, lo mínimo que podían hacer era entender mi situación.

El día anterior había sido un gran golpe emocional para mi, aún no terminaba de procesar todo lo que había sucedido. Fui al velorio del chico a duras penas después de que mi papá y la Jose me contuvieran por un largo rato, no sabían que hacer, nadie sabía que hacer, yo no quería un consuelo. En el lugar, Rocío, me permitió quedarme hasta mas tarde y junto a ella cerramos la tapa del ataúd, vimos por última vez el rostro del chico juntas, lloré a montones capturando su figura por última vez, quería grabar al máximo sus facciones en mis recuerdos y mente, Rocío me permitió fotografiarlo, no sabía si este acto era imprudente o vulgar, pero no me importa, de verdad necesitaba tenerlo por última vez en mi. Su padre estaba no estaba presente en la casa, la madre avisó el suicidio de su hijo al hombre y este no apareció, sabía porque el hombre no quería estar acá y también entendía que si aquel hombre se me llegaba a cruzar mis impulsos responderían al instante, casi todo fue su culpa y lo único que deseaba era matarlo a golpes.

Tal vez si hubiera sabido que toda esta historia culminaría de esta forma la hubiera aprovechado más, lo hice y mucho, pero tal vez pude hacerlo más. El se merecía más, tal vez no escuché lo suficiente, tal vez no vi sus señales, debí de insistir, fui una pésima amiga, jamás le puse atención, todo fue mi culpa, tal vez lo hizo por mi, era la única persona en la que confiaba y no hice nada, tal ve...

El rastro de mis pensamientos fue derrumbado por un estruendoso ruido. El canoso hombre, mi padre, se asomaba por la puerta de golpe, su vista se posaba con delicadeza sobre mi, sabía lo doloroso que era. Tomás jamás le cayó bien, pero este siempre fue respetuoso, mi progenitor no tenía razones por las cuales tratarlo mal, faltarle el respeto u o hacer que me aleje de el, el chico era un amor y aquello me ardía.

-¿Maquita, cómo amaneció mi niña?, ¿quiere comer en la cama? -Hablaba el hombre apoyándose en el marco de la puerta.

-No quiero nada papá, solo quiero estar sola. -Espeté mientras me acomodaba sobre la cama, como anexo pude sentir un pequeño ardor en la garganta.

-Pero niñita mía, la Josesita y yo podemos hacerte compañía, ver una película, hacer alguna cosita los tres para que subas ese ánimo.

-Te estoy diciendo que quiero estar sola.

-Pero mi amor pode...

-Papá, mi mejor amigo, la única persona en la cual confiaba y me podía hacer feliz, se fue, y se fue por cuenta propia, porque el dolor que sentía era demasiado grande. -Impuse mi tono fuerte, no gritando ni perdiendo la calma, solamente mostraba la inmensa frustración que sentía.

-Yo te dije que ese cabro era una mala junta.

Rechiste y ladee la cabeza -¿Enserio papá?

-Si, si yo te dije desde un inicio que ese tal Tomás andaba metido en cosas raras, si en la cara se le veía, drogas o no se, solo espero que tu no me estés escondiendo nada así.

-Papá está muerto.

Aquella rabia que ya sentía se agravaba con las palabras del hombre, era tan irónico el hecho de que hablara así de el. Siempre recalca que de las personas muertas no se debe hablar mal, ni si quiera podía tenerme compasión a mi y eso me dolía.

-Si pero...

-Sale de la pieza por favor.

-Maquita si sabes...

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