El joven no siguió esperando una respuesta. Se dio la vuelta con la determinación de alejarse, pero no podías dejarlo ir, no así, no cuando todo tu cuerpo y mente gritaban que debías detenerlo. Él no sabía cuánto te enloquecía, cuánto te tenía obsesionada de una forma tan dulce como desesperante.
"¿Por qué no le dije cómo me siento?" pensaste con tristeza, el pecho oprimiéndose como si alguien estuviera exprimiendo tu corazón. "¿Y si me arrepiento por el resto de mi vida?"
Apretaste el volante con fuerza, el cuero crujió bajo tus dedos. La confusión te carcomía por dentro, te preguntabas si confesarle la verdad cambiaría algo. ¿Y si arruinabas lo que tenían? ¿Y si se alejaba para siempre?
Mientras tanto, Midoriya avanzaba por la acera con pasos lentos, cada pisada era un recordatorio del dolor palpitante en sus pies. Sabía que no aguantaría mucho más. El metro ya no estaba disponible y la idea de caminar hasta casa se hacía cada vez más insoportable.
Se detuvo a mitad del camino, suspirando con pesadez. Sus hombros cayeron con un leve temblor de agotamiento mientras su aliento se condensaba en el aire frío de la noche. Había sido terco, quizás demasiado. Te había hablado con dureza cuando no era necesario.
Con una mezcla de resignación y vergüenza, giró sobre sus talones y regresó hasta la ventanilla del auto. Cuando sus ojos verdes se encontraron con los tuyos, sintió un pinchazo de culpa. No quería discutir, no contigo.
—¿Puedes llevarme a casa? —pidió en voz baja, con una timidez que hacía que su voz temblara apenas perceptiblemente.
Fue como si el mundo entero se iluminara en un instante. Sentiste una oleada de alivio y felicidad, como si el simple hecho de que él estuviera a tu lado nuevamente hubiera despejado toda la angustia que te sofocaba.
—¡Sí! —respondiste con entusiasmo, sin dudarlo un segundo.
Midoriya se acomodó en el asiento del copiloto, exhalando con un suspiro cansado. A pesar del frío exterior, su cuerpo sudaba, ya fuera por el esfuerzo o la tensión que aún flotaba en el ambiente.
El silencio entre ustedes era más denso de lo normal. Aunque había habido muchas ocasiones en las que simplemente disfrutaban del trayecto sin necesidad de hablar, esta vez era diferente. Esta vez, el silencio estaba cargado de emociones contenidas, de palabras que ninguno de los dos se atrevía a decir.
Intentó respirar hondo para calmarse, pero su mente no lo dejaba en paz. Recordó lo que había ocurrido en el asiento trasero la última vez que estuvo en ese auto. Su garganta se secó, sus manos se aferraron a la tela de sus pantalones y un rubor intenso subió hasta sus mejillas.
Tú, por tu parte, lo observaste de reojo. Su perfil iluminado por la tenue luz del tablero del auto te pareció más hermoso de lo que deberías admitir. Quisiste decir algo, cualquier cosa, pero la duda te paralizaba.
Finalmente, estacionaste el carro frente a su edificio. El viaje había sido corto, pero en ese lapso de tiempo, tu corazón había recorrido un torbellino de emociones.
—Midoriya... —musitaste, queriendo retenerlo un poco más, aunque no estabas segura de qué más decir.
Él te miró con esos ojos que siempre reflejaban más de lo que decía. Un instante de vacilación, una respiración entrecortada...
Y entonces, el silencio se rompió.
—¿Huh? —Midoriya giró la cabeza hacia ti, su expresión reflejaba sorpresa, pero también algo más... algo que no alcanzabas a descifrar del todo.
Podías sentir el peso de su mirada en ti, inquisitiva y expectante, como si esperara algo. Tu respiración se volvió más pesada, el aire se espesó dentro del auto.
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𝐄𝐋 𝐎𝐌𝐄𝐆𝐀 𝐏𝐄𝐑𝐅𝐄𝐂𝐓𝐎 𝐂𝐎𝐍 𝐋𝐀 𝐀𝐋𝐅𝐀 𝐈𝐃𝐄𝐀𝐋
FanfictionEsta es una historia donde Izuku es un omega y la protagonista, un alfa dominante. _____ Yoshimura es una alfa dominante, dueña de una gran fortuna y reconocida en el mundo de la moda por su versatilidad como diseñadora. Obsesionada con el trabajo...
