Izuku tenía una expresión de confusión mientras te miraba con sus ojos vidriosos. Todavía atrapado en el torbellino de su celo, no entendía por qué habías dejado de tocarlo justo cuando más te necesitaba.
Su respiración se volvía cada vez más irregular, su cuerpo temblaba entre el cansancio y el deseo, y el calor de sus feromonas seguía envolviendo el aire. Te observaba en silencio, buscando respuestas en tu rostro, aunque su mente apenas podía articular un pensamiento coherente.
"¿Por qué no me toca más?" se preguntaba con el corazón oprimido. "¿Será que mis feromonas no le gustan? ¿Será que yo no le gusto?"
A pesar de su débil resistencia, lograste liberarte suavemente de sus piernas. Con cuidado, te quitaste el abrigo y lo colocaste sobre su pecho, cubriéndolo con una ternura infinita, como si el suave peso de la tela pudiera protegerlo del mundo. Saliste del asiento trasero y te dirigiste al puesto del conductor, intentando recuperar la calma.
Te quedaste en silencio por un momento, con las manos aferradas al volante mientras el eco de tus pensamientos te golpeaba con fuerza.
"¿Qué estaba a punto de hacer...? Si no me hubiera detenido, ¿en qué me habría convertido? No habría sido mejor que... que ese hombre. No habría sido diferente. Yo también habría cruzado la línea... Me detesto por siquiera haberlo pensado."
Suspiraste, dejando caer tu cuerpo contra el respaldo del asiento, exhausta. La culpa te envolvía como una nube pesada, pero la calidez del recuerdo de su abrazo aún se aferraba a tu piel.
Antes de arrancar el auto, bajaste el retrovisor y lo miraste a través del espejo. Izuku estaba completamente desmayado, abrazado a tu abrigo con tanta fuerza que parecía que era lo único que lo mantenía a salvo. Sus mejillas seguían sonrojadas por la fiebre, y aun en su inconsciencia, seguía liberando feromonas dulces que llenaban el aire de una fragancia reconfortante.
Se acurrucaba contra tu abrigo como si fuera su más preciado tesoro, como si el suave aroma impregnado en la tela fuera suficiente para mantenerlo tranquilo.
Tu pecho se apretó ante la escena, y no pudiste evitar sonreír con ternura, a pesar del torbellino de emociones en tu interior.
—Descansa, Izuku... —susurraste para ti misma, tus palabras suaves apenas llenando el silencio del auto—. No voy a dejar que nada te haga daño, ni siquiera yo.
Con ese pensamiento firme en tu corazón, encendiste el motor y tomaste rumbo hacia su casa, decidida a protegerlo de todo, incluso de tus propios instintos. Porque Izuku merecía algo más que el deseo pasajero. Merecía ser cuidado, amado, y tratado con la delicadeza con la que uno cuida una flor en plena primavera.
Conducías, pero apenas prestabas atención al camino, sumida en la maraña de tus propios pensamientos. La culpa te carcomía con cada kilómetro que avanzabas.
«¿Cómo pudiste hacerle esto a Izuku?» te reprendía esa parte buena de ti, esa voz que rara vez se hacía escuchar, pero que ahora te gritaba con fuerza. «Si no puedes controlarte... será mejor que desaparezcas de su vida antes de que lo arruines todo.»
Tu mandíbula se tensaba mientras el frío de la noche se filtraba por las ventanas del auto. Cuando llegaste a su apartamento, tomaste una bocanada de aire antes de girarte hacia él. Izuku seguía dormido profundamente, su rostro se veía tan pacífico que te dolía aún más lo que habías estado a punto de hacer.
Rebuscaste sus llaves con manos temblorosas, intentando no pensar demasiado en el hecho de que estaban en su bolsillo trasero. Al rozar su pantalón húmedo, el calor de su piel atravesó la tela, enviando una descarga de nervios por tu cuerpo.
ESTÁS LEYENDO
𝐄𝐋 𝐎𝐌𝐄𝐆𝐀 𝐏𝐄𝐑𝐅𝐄𝐂𝐓𝐎 𝐂𝐎𝐍 𝐋𝐀 𝐀𝐋𝐅𝐀 𝐈𝐃𝐄𝐀𝐋
Fiksi PenggemarEsta es una historia donde Izuku es un omega y la protagonista, un alfa dominante. _____ Yoshimura es una alfa dominante, dueña de una gran fortuna y reconocida en el mundo de la moda por su versatilidad como diseñadora. Obsesionada con el trabajo...
