Capítulo 19

5.6K 474 98
                                        

En el restaurante, una extraña tensión llenaba el aire, como una brisa densa que se colaba por cada rincón del lugar. Las luces cálidas del sitio no lograban disipar el nudo que sentías en el estómago, ni la incertidumbre que danzaba en tus ojos. Ambos sabían que había mucho por decir, pero las palabras parecían demasiado frágiles para usarse.

Izuku removía suavemente la cuchara en su taza de té, la vista perdida en el vaho que escapaba de la bebida. Tú, por tu parte, entrelazabas los dedos con nerviosismo sobre la mesa.

Finalmente, rompiste el silencio con un suspiro profundo, clavando una mirada preocupada en los ojos verdes que amabas, pero no sabías cómo cuidar.

—La razón por la que no pude acompañarte durante tanto tiempo fue... —comenzaste, y tus labios temblaron al intentar continuar—. Mi tío ha fallecido.

Izuku levantó la mirada de inmediato. Sus pupilas se dilataron con sorpresa, su rostro se volvió serio, más que nunca. Su corazón latió con fuerza, anticipando algo más oscuro que una simple pérdida.

—Oh... lo siento mucho —dijo en voz baja, tomando tu mano por impulso. Su calor te reconfortó, pero también te dolió—. ¿Estás bien?

Negaste con la cabeza suavemente, apretando los labios. No podías evitarlo... hablar de ello te dolía, pero ocultarlo te lastimaba aún más.

—Dejó su voluntad por escrito... pero también... —tragaste saliva, y tu voz se volvió más baja, casi un susurro— ...es muy posible que mi primo lo haya asesinado. Todo apunta a que lo hizo por la herencia.

Izuku parpadeó, atónito. No podía dar crédito a lo que escuchaba. Se mantuvo en silencio, sin soltar tu mano, pero la presión de sus dedos aumentó, como si intentara protegerte solo con su contacto.

—Mientras se investiga todo, me pidió que... —tu voz tembló—. Que me case. Y tenga un hijo.

La cucharita de Izuku se detuvo de golpe en la taza.

Él parpadeó, completamente inmóvil. Fue como si el mundo se hubiera puesto en pausa.

—¿Tienes que... casarte? —repitió con voz apagada.

—Sí —dijiste sin poder mirarlo.

Un silencio ensordecedor cayó entre ambos.

Izuku bajó la mirada, sus manos apretadas sobre su regazo. El dolor se dibujó en sus facciones como una herida abierta.

—Entiendo —susurró, con los labios apenas curvados en una mueca triste—. ¿Ya sabes con quién será? ¿Alguien de confianza de tu familia, supongo?

Tú abriste la boca, dispuesta a decirlo. A soltar ese nombre: "Contigo, Izuku."
Pero las palabras se atascaron en tu garganta.
Porque de pronto, lo viste herido. Lo viste resignado. Y el miedo a que pensara que lo hacías por obligación, por conveniencia, no por amor... te paralizó.

—Aún no lo sé —murmuraste, bajando la mirada.

Izuku asintió lentamente. Trató de sonreír, pero le temblaban los labios.

—Debe ser alguien importante —dijo, como si se lo repitiera a sí mismo para convencer su corazón de que todo estaría bien—. Alguien con quien puedas tener... un futuro.

—Izuku... —susurraste, queriendo decirlo ya, dejar caer la verdad—. Yo...

Pero él te interrumpió, con los ojos vidriosos, aunque con una sonrisa cálida, triste y valiente.

—Está bien —dijo, y era una mentira vestida de calma—. No tienes que explicarme nada. Yo sólo quiero que seas feliz.

Se hizo el silencio de nuevo. Las palabras se te escapaban, y él parecía estar alejándose poco a poco, emocionalmente, como si se preparara para borrarte de su corazón sin hacerte daño.

𝐄𝐋 𝐎𝐌𝐄𝐆𝐀 𝐏𝐄𝐑𝐅𝐄𝐂𝐓𝐎 𝐂𝐎𝐍 𝐋𝐀 𝐀𝐋𝐅𝐀 𝐈𝐃𝐄𝐀𝐋Donde viven las historias. Descúbrelo ahora