Capitulo 4

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Al amanecer del día siguiente, llegaste al trabajo con un ímpetu renovado, como si el sol mismo hubiera decidido brillar solo para ti. Denki no pudo evitar notar esa chispa en tus ojos, algo que irradiaba de manera casi palpable. ¿Era triunfo? ¿Tal vez amor? O quizás era la promesa de más dinero. El joven no estaba seguro, pero sí sabía que algo en tu actitud lo cegaba, una luz tan intensa que lo envolvía sin que pudiera apartar la mirada.

"Estoy ansiosa por verlo de nuevo," pensaste, tus dedos deslizándose con energía sobre los papeles mientras firmabas unas proformas, tu rostro iluminado por una sonrisa de anticipación. Izuku se había convertido en el epicentro de tu día, y no podías evitar la emoción que se desbordaba al pensar en él.

Justo antes de cruzar la puerta de la oficina para irte, Kirishima apareció frente a ti, una carpeta en las manos. Te pusiste el bléiser rápidamente, sintiendo la presión del tiempo.

—____, ya he terminado la toma de hoy, deberías revisarla antes de irte —dijo, su voz interrumpiendo tu marcha.

Con una ligera sonrisa, no vacilaste en responder.

—No puedo, debo irme. Déjala en el escritorio, mañana la revisaré —le dijiste con firmeza, mientras avanzabas hacia la puerta.

Kirishima se quedó allí, mirando cómo te marchabas, algo intrigado. La rapidez con la que te habías ido le pareció extraña. "¿Por qué tan apresurada?" pensó, sin poder descifrar lo que sucedía. Si fuera él quien dejara las cosas a medias, sabía que habrías insistido en quedarse, trabajando hasta el último segundo.

A las cinco de la tarde, llegaste al restaurante. El gerente te recibió con una sonrisa, sabiendo que tu presencia podría ser la chispa que encendiera la fama del lugar. Si lograbas atraer a un inversor, la reputación del sitio podría dispararse a nuevas alturas.

Izuku aún estaba en la cocina, lo que significaba que no sería él quien te atendiera esa noche. En su lugar, un chico que no se le parecía en nada se acercó para tomar tu pedido.

"Esto es... no puede ser...", pensaste, una sensación de desilusión envolviéndote al ver quién estaba al mando. El chico que te atendía no te inspiraba el mismo interés, ni la misma emoción.

Decidiste no quedarte de brazos cruzados y llamaste al gerente. Las chicas, que te observaban, esperaban lo peor. Sabían que si era una queja, estarían en problemas, aunque desde fuera, todo parecía ir bien.

—¿Sucede algo con el servicio, señorita Yoshimura? —preguntó el gerente, con algo de nerviosismo en su tono.

—No, no —le tranquilizaste rápidamente, dejando en claro que no había problema. —Es una petición —añadiste, mientras acomodabas la servilleta con calma, como si todo estuviera bajo control.

El gerente respiró aliviado.

—Dígame, haremos lo posible para garantizar su comodidad —respondió, ya sin rastro de preocupación.

—Izuku Midoriya —dijiste, pronunciando su nombre con una suavidad que no pasó desapercibida.

El gerente frunció el ceño, confundido.

—¿Cometió alguna falta? —preguntó, ladeando la cabeza con curiosidad. No se lo esperaba, Izuku era el mejor en lo suyo, un joven talentoso que destacaba sin esfuerzo.

—No, al contrario —respondíste con una ligera sonrisa. —Me gustaría que él me atendiera. No es que el joven de ahora lo haga mal, pero prefiero que sea Izuku, el de cabello verde —aclaraste, sin titubeos.

—Oh... Entiendo. No será un problema, en un momento estará aquí —respondió el gerente, sin perder tiempo y dirigiéndose hacia la cocina. Unos minutos después, Izuku apareció, su uniforme perfectamente colocado, aunque algo cansado por el ajetreo del día. A pesar de su agotamiento, parecía que ese momento, estar allí, era lo que más disfrutaba.

𝐄𝐋 𝐎𝐌𝐄𝐆𝐀 𝐏𝐄𝐑𝐅𝐄𝐂𝐓𝐎 𝐂𝐎𝐍 𝐋𝐀 𝐀𝐋𝐅𝐀 𝐈𝐃𝐄𝐀𝐋Donde viven las historias. Descúbrelo ahora