Capítulo 6

937 73 5
                                        

Daniel


Mierda. 

Tengo a Bárbara al lado mío. 

Observo como la rubia se va con una sonrisa triunfante. Ella sabe que no quería quedarme solo con Bárbara.

—¿Quién era ella? —pregunta con un tono de molestia. 

—Ya te lo he dicho, una empleada.

—¿Y por qué estaba hablando contigo? 

Odio esto. Odio cuando alguien me exige respuestas. Ni siquiera a mi propio padre le doy explicaciones.

Rodé los ojos, no tengo tiempo para estas estupideces. 

—¿Vas a dejar la estupidez o me voy solo a la fiesta? 

Ahí mismo engancha su brazo al mío, con una sonrisa. Suelto un suspiro mientras nos adentramos de nuevo a la recaudación.

Esta será una noche larga. 

Cuando entramos, vi a varias caras conocidas, unos socios nos hicieron una señal para que nos acercásemos, Bárbara parece que quería acercarse porque empezó a caminar pero la detuve.

—Necesitamos hablar. Ahora.

Ya no aguantaba más. Tal vez si rompía con ella de una vez por todas podría acabar con esto. 

—¿De qué? 

Desvíe mis ojos de su mirada para mirar alrededor por si había alguien cerca o viéndonos. Esto sería un desastre. Conocía a Bárbara.

La agarre del brazo y la llevé cerca de la esquina del bar.

—¿Qué pasa? 

—Terminamos. 

Sus ojos se abrieron aturdida por mi brusquedad, pero no iba a arrepentirme.

—¿Q-que? ¿Por qué? Es decir, nuestra relación no está en los mejores términos, pero creo que podemos arreglar. 

Si no conociera bien a Bárbara pensaría que de verdad está triste o preocupada por esto, pero sé muy bien que lo único que le interesa es el estatus y estar en el foco de las revistas, lamentablemente—lamentablemente nótese el sarcasmo—, eso ya se acaba. Gracias a Dios.

—No interesa en que términos estaba nuestra relación —mi voz en dura y firme—. Esta relación ya no sirve, es lo indicado. 

—¿Así que me usaste?

—Por favor, Bárbara —bufo—. Los dos nos utilizamos para un beneficio propio, aunque te cueste admitir. 

Ella se queda callada y poco a poco me doy cuenta de que estoy ganado la batalla.

—Diremos que habíamos terminado hace unos días de forma amistosa y que ahora somos amigos sin recortes, ¿bien? —cuestione, aunque ciertamente no era que le estuviese preguntando. Si o si esto ya se había terminado.

—¿Qué te hace pensar que voy a aceptar eso? 

Le doy una sonrisa seca.

—Haz lo que se te dé la gana. Yo igualmente voy a hacer público nuestra ruptura quieras o no. 

—No va a hacer tan fácil deshacerte de mí, Daniel…

—Vamos, Bárbara. —señale la sala entera de gente—. En este lugar hay muchos hombres que estarían dispuestos a tener una relación sentimental contigo, no desperdicies tu belleza y busca a una nueva pareja.

Perfecta ConquistaDonde viven las historias. Descúbrelo ahora