Capítulo 29

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Daniel

Me concentro en mi madre, quien no para de hablar con mi padre de lo que van a hacer después de hoy. Hace unos momentos estaba con Valerie y por unos segundos pude por primera vez en esta semana, alivio, tenerla cerca y al saber que se preocupó por mí, me hizo sentir mejor. Tal vez hubiésemos avanzado a hacer las paces, si no fuese por Nicole que apareció y destruyó todas mis esperanzas y las boto a la basura.

—Madre, padre. Me voy, me siento algo exhausto y creo que me va a dar gripe. Hablamos luego. 

Los dos se despiden de mí, no sin antes que mi madre me diga que mañana me llamara para saber si me siento mejor. Me voy antes de que alguien me interrumpa y cuando paso por la terraza veo que Valerie ya se ha ido, suelto un suspiro y camino hacia el bar antes de irme definitivamente. De verdad esta semana ha sido una total mierda. Me dieron duro en todos los aspectos. Valerie y yo estamos mal y el trabajo que me tiene como esclavo. 

—Un Whisky, por favor. —-pido apenas llegó donde el bar tender.

Me lo entrega a los segundos y lo bebo en un segundo, quema mi garganta y le doy una propina y me retiro de esta fiesta, por fin. Me voy hacia el estacionamiento, me meto en mi Porsche y lo enciendo y salgo del edificio, apenas salgo, veo a Valerie entrando a un automóvil con el hijo de puta de Albert. Mi sangre hierve de celos y una increíble tristeza que me embarga. Dejó que los dos se vayan y agarró mi celular y llamo a la persona que necesito en estos momentos. Mi mejor amigo.

—¿Recuerdas que teníamos algo pendiente? Pues lo haremos esta noche.

—Por fin, nos vemos dentro de quince minutos en el club de siempre. —me dice Carlos entusiasmado.

—Perfecto. —cuelgo y arranco el auto hacia el club.

Mientras conduzco trato de no pensar sobre esta semana, pero mi mente siempre se dirige a una rubia que quiero tanto y que tal vez en estos momentos está teniendo una aventura y todo lo nuestro habrá sido solo un recuerdo. Paro en un semáforo y le doy un golpe al volante.

—¡Cazzo! —maldigo, frustrado de todo esta situación. 

Trato de controlar mi respiración para calmarse, golpear el auto no hará que todo se solucione. El semáforo se vuelve a poner en verde y conduzco. A los minutos ya estoy ahí.

Le dejo el Porsche a un empleado y me encamino hacia la entrada, el de seguridad apenas me ve, abre la puerta.

—Sr. Silvestri, no lo esperábamos esta noche. Le hubiésemos reservado el mejor lugar. —dice el mientras voy entrando.

—No hará falta, nada más vengo a beber un rato y me iré. 

Apenas entro por completo mis oídos se aturden ante todos los sonidos juntos, gente cantando y la música a todo volumen. Intento localizar a Carlos, pero por lo que parece aún no ha llegado, así que para no perder tiempo me acomodo en el bar, pido lo mismo que en la fiesta, un Whisky. Me lo dan y empiezo a tomarlo en cuestión de segundos, mientras veo toda la gente bailando. 

—¡Daniel Silvestri! —escucho una voz masculina llegar a mi lado, frunzo el ceño ante el intruso que está invadiendo mi espacio.

—¿Nos conocemos? 

El hombre quien ahora sí lo veo bien se empieza a reír.

—Pero qué descaro del hombre importante. 

Me levanto ya un poco cansado de este imbécil.

—O me dices que quieres o te vas ahora. Habla ya. —ordeno firmemente.

Se cruza de hombros para parecer intimidante, pero no logra su objetivo. Aunque se ve que está ejercitado, soy más alto que él por unos centímetros y fácilmente lo pudiera mandar a la mierda con un puñetazo. 

Perfecta ConquistaDonde viven las historias. Descúbrelo ahora