treinta y uno

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La vida de Soojin iba bien, había pasado esas últimas dos semanas algo estresada por la escuela, ya que eran sus últimos meses antes de poder graduarse

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La vida de Soojin iba bien, había pasado esas últimas dos semanas algo estresada por la escuela, ya que eran sus últimos meses antes de poder graduarse.
Si, todo iba bien, sus calificaciones impecables como siempre y aunque no no había visto a Seojun desde el día que la recogió de la Universidad y la llevó a comer, no podía culparlo, el pobre seguramente apenas tenía tiempo para bañarse, sabía de su apretada agenda ya que su agencia no paraba de subir fotografías de el junto a su banda en muchos eventos.
Estaba feliz por el, al fin había logrado por lo que tanto se esforzó, pero, también estaba algo preocupada, ya que para nadie era un secreto que ese tipo de carreras suelen ser muy exigentes, más de lo que un ser humano podría soportar.
Suspiro, dejando de lado sus preocupaciones mientras se concentraba en terminar de lavar los trastes, estaba sola en su departamento, Gogo tuvo turnos extra en su trabajo y Sojeon bueno, ahora había mucho más trabajo en la cafetería porque se acercaba las épocas de invierno y la gente busca mantener su interior y alma calidas.
Cuando terminó, camino hasta su habitación donde se acostó en el suelo, sin saber realmente que hacer ahora, estaba aburrida pero no podía encontrar alguna actividad con la que podría desaburrirse.

Entonces, su mirada se clavo en su escritorio, más específicamente en la cajita de madera que descansaba ahí, si podía ser sincera, había algo ahí dentro, algo que no quería ver, algo que solo saber que la esperaba le ponía la piel de gallina, eran sus calificaciones de sus dos primeros exámenes finales, solo le faltaban por presentar tres más, todos ellos aprobados y podía dar por seguro que se graduaría de la academia de enfermería básica. Aún no se ponía alegre, le faltaba un largo camino por recorrer, más años de estudio, tal vez unos 5 o 6 más si bien le iba.
Entonces, sintió como su cuerpo tembló, viéndose las manos, sus palmas sudaban y un pensamiento llegó como rayo a su mente, ¿ella realmente estaba bien con eso? Si, de pequeña quiso ser médico, porque podía ver a su padre salvar muchas vidas, quería ser igual de importante que el, cuando el de lentes le dijo que quería exactamente lo mismo para ella no pudo evitar sentirse feliz, una esperanza creció en su pecho, tenía una oportunidad de hacerlo feliz, hacerlo sentirse orgulloso.
Pero como se sabe, esa esperanza y deseo por salvar vidas se esfumó mediante los años pasaban, ahora no quedaba nada de ese deseo inocente que alguna vez tuvo, ahora solo se trataba de demostrarle a su padre que valía la pena, de no causarle más molestias.
Todos esos años los ha estudiado si, era buena en la escuela pero, siempre hubo una extraña sensación en la boca de su estómago cada vez que entraba por los grandes pasillos de su Universidad.
Entonces, recordó la primera vez que entró en el gran edificio donde Seojun trabajaba, ella no sintió eso raro en su estómago, tenía nervios pero no de los que te hacen querer encerrarte en el baño a llorar, más bien eran de los que te dejaban deseoso de saber que pasará. Esa fue la primera vez que hizo algo que ella quería realmente, algo que su corazón deseaba, un deseo que tenía aún antes de querer ser doctora como su padre, sintió entonces, que ese deseo tan inocente nunca murió incluso después de esos años, se escondió en lo profundo de su corazón y al tener la oportunidad de salir, dio un brinco de alegría al ya no tener la obligación de esconderse otra vez.

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