Un dolor intenso le atravesó la cabeza, arrancándole un gruñido al duque. Sin abrir los ojos, autorizó mágicamente la acción y estiró el brazo, abriendo la palma.
No pasó mucho tiempo antes de sentir cómo algo era depositado en ella.
Sin agua, sin pausa, tomó la pastilla de un solo golpe.
Inspiró profundamente antes de enderezar la espalda, que había permanecido encorvada sobre el escritorio durante horas. Se masajeó la frente con los dedos, intentando contener el martilleo persistente, y finalmente abrió los ojos para clavar la mirada en el mayordomo.
—Habla —ordenó.
El hombre tembló. Sabía perfectamente que su amo no estaba de buen humor. Bajó la cabeza, hojeando los papeles con nerviosismo... hasta que una idea se encendió en su mente.
—La señorita... ayer pintó una obra nueva —dijo al fin, mostrando un lienzo—. Una pareja bajo la luna.
El cuadro mostraba un paisaje nocturno: la luna llena iluminando el cielo oscuro, estrellas dispersas... y debajo de ellas, una pareja pintada completamente en negro.
Las cejas de Lion se fruncieron al instante.
¿Qué demonios era eso?
Apretó los dientes con fuerza.
—¿Alguien la ha visto? —preguntó con voz baja, peligrosa, mientras la punzada en su cabeza se intensificaba—. ¿Quién?
—Nadie, señor —respondió el mayordomo, estremeciéndose—. Todos los que rodean a la señora son mujeres.
Lion se dejó caer contra el respaldo del sillón. Cerró los ojos, forzándose a respirar con calma. Solo un momento.
Entonces, una imagen cruzó su mente.
El contacto.
El calor.
Sus labios.
Abrió los ojos de golpe.
—¿Qué demonios pasó anoche? —preguntó.
—Nada, señor —respondió el mayordomo con rapidez—. Usted estuvo toda la noche en su despacho.
Bajó la mirada.
No mencionó que lo había dejado solo por un instante. No confesó que, al regresar, encontró a su señor fuera del despacho, desorientado, y que tuvo que llevarlo de vuelta y acomodarlo en la silla.
—Hm —murmuró el duque, sin dudar de sus palabras.
Entonces solo había sido un sueño.
La decepción fue inmediata.
Se llevó los dedos a los labios. Se había sentido tan real. Demasiado.
Suspiró con pesadez.
Si era un sueño... entonces quería soñarlo todas las noches.
Eran dulces.
Peligrosamente dulces.
—Tráeme una botella de néctar de Kei.
El mayordomo tosió, ahogándose con su propia saliva.
—¿Está seguro, señor? —intentó disuadirlo—... es extremadamente fuerte.
Lion lo miró.
Solo eso bastó.
El mayordomo guardó silencio, tragando saliva.
¿Qué locura cometería ahora su amo?
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El sabor dulce explotó en la boca de Rosalin, arrancándole un pequeño gemido involuntario.
Era delicioso.
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KILIG
RomanceLisa una mujer independiente nunca espero que después de tener un "supuesto" sueño con un hombre que tocaba tiernamente sus labios iba a terminar así. Este no era ni su cuarto ni su cuerpo ¿Que rayos había ocurrido? Acompaña a esta chica a descubr...
