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Capítulo 4

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"Y nunca supo el lobo, que Caperucita iba al bosque por él"

Mi llegada a la pensión fue más esperada que la llegada de un presidente a una rueda de prensa, estaban informados de que debía estar allá, por lo tanto al llegar lo primero que hizo Sol María la encargada de la pensión fue llamar a Sol Ana para avisarle que había aparecido.

- Jessy ¿Donde estabas? - La voz demandante de sol Ana resonaba del otro lado del teléfono.

- Sol Ana, tuve un percance, encontré a una chica en un puente a punto de aventarse y no dude en ayudarla y para cuándo vine a ver la hora ya era muy tarde, así que con el dinero que había ahorrado pagué una habitación. - Mentí con lo de la habitación cruzando mis dedos hacia atrás ya que sabía la pregunta que venía a continuación.

- ¿Lo prometes por la virgen María y el divino niño Jesús?

Suspiro aún con mis dedos detrás de mi espalda cruzados.

Parezco de 5 años haciendo esas bobadas.

- Lo prometo sol Ana.

La escucho soltar un suspiro y me la imagino con la mano en la cintura como sabe ponerse y el rosario junto al teléfono.

- Saca los dedos detrás de tu espalda Jess, me parece que puedes mentirte a ti, pero no a mí.

Por alguna razón su respuesta me enojó.

- No necesito mentir sol Ana, le recuerdo que yo ahora soy libre y puedo hacer lo que quiera, una cosa es que quiera ayudar y otra muy distinta es que elijan lo que tengo que hacer o no, o como quiero vivir y que hacer con mi vida. - Le aclaro sintiendo asombro en ella. - Yo no crecí para estar sometida a reglas Sol Ana.

Sol Ana suspira para luego responder. - ¿Quien te ha llenado la cabeza Jess? Porque tus planes no eran estos.

- Este siempre fue su plan, el mío no, yo no quiero dejar tus huellas, yo quiero crear las mías y dejarlas como yo quiera.

- Yo solo quiero lo mejor para ti mi niña.

- Y yo lo sé, pero ¿No sería mejor que yo comience a elegir lo que es mejor para mí?

- Tienes razón hija, pero sabes que tu deber es aquí, nosotros somos tu familia.

Suspiré rendida, Sol Ana tiene razón yo no tengo a nadie más que ellos, no podía dejarlos solos.

Después de terminar la llamada me dirijo a mi habitación, había saludado a las chicas de la pensión, hablamos un rato para luego alistarme eh irme al internado.

El mundo estaba demasiado envuelto en sus mierdas como para vivir bajo reglas o al menos prestarle atención a las mismas, porque si algo me han dejado claro Alex y Sheila esa noche, es que nadie vive bajo reglas, en este mundo fuera de un templo y un Rosario cada quien sobrevive como puede.

Un mes después...

Había pasado un mes desde la última vez que vi a Alexander, me la había pasado de la pensión al internado y viceversa, una que otras veces salía, como hoy, que decidí salir a comer un helado y dar una vuelta, encontrándome con el café de la otra noche.

Las imágenes de Sheila y Nico llegan a mi mente y sin pensarlo entro al local donde Nico aparece enseguida con el saludo de cortesía de la otra vez.

- Buenas tardes en qué pode.. ¿Jessy? ¡Dios que bueno encontrarte por aquí! - Exclama entusiasmado y con una gran sonrisa.

- ¡Hola Nico! Andaba caminando por aquí y recordé el café ¿Como has estado?

Nico me encamina a una de las mesas y se sienta conmigo ya que el lugar está vacío.

"Huellas De Amor"Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora