Me levanto sobre exaltada gracias al sonido de la alarma.
Busco en mi armario algo que muestre que soy una profesional, pero como toda mujer, tengo un armario completo y ¡No tengo que ponerme!, es el primer día y como diría mi madre, ¡la primera impresión cuenta!.
Una vez lista con lo que creo, y puede ser la vestimenta adecuada me paro frente al espejo a inspeccionar. Llevo puesto un pantalón de cintura alta blanco, una camisa negra de punteado y unos zapatos rojos, no muy altos. Me recojo en cabello en una coleta y me maquillo de manera natural, nada extravagante.
Llego al hospital media hora antes de empezar mi turno, aprovecho para ir a la cafetería del hospital y desayunar algo, salí tan deprisa del departamento que olvide desayunar.
Me acerco a la barra y pido un Frappuccino junto con unas tartas de frutas. Desayuno tranquila y de vez en cuando levanto la mirada y observo a mi alrededor, es muy temprano y ya hay algunos doctores desayunando y conversando entre ellos, a mi lado hay una niña con turbante en silla de ruedas discutiendo con su madre para que le compre un mocca.
Reviso la hora en mi celular, faltan solo diez minutos para que empiece mi turno y aun no se donde queda el área de oncología. Solo sé que mi jefe es apellido Belforanthor, no he preguntado ni como es ni nada. Le pido indicaciones a la joven que me atendió y muy amable me responde.
Voy saliendo de la cafetería, y mientras abro la puerta tropiezo con algún tarado que no se fija donde va. Por mi parte solo veo como mi Frappuccino va directo a la ropa del despistado.
-¡Madre mía!- digo avergonzada- lo lamento tanto- busco la servilleta que guarde en el bolsillo delantero de mi mandil.
Trato de limpiarle apresuradamente la camisa, mientras siento su mirada puesta en mi. Alzo la mirada para saber quien es el despistado y decirle que se fije mejor la próxima vez.
Y ahí esta, el rostro con el que he soñado desde que lo vi la primera vez. Me dedica media sonrisa sin mostrar los dientes, es guapo, condenadamente guapo.
-Tú- es lo único que logro decir, mi cerebro a olvidado como hablar. Aun con el Frappuccino encima, luce bien, que digo bien, de maravilla. Lleva puesto un pantalón negro, una camisa blanca, bueno era blanca, ahora manchada.
-¿Así qué me andas acosando?- pregunta en tono arrogante, pero ¿Qué se cree este?, además de un dios griego.
-Ya quisieras, pero no.- musito- No todo gira alrededor tuyo ¿sabias?- añado altanera.
-Y entonces, ¿qué te trajo a Francia, si no fui yo?- si será creído este.
-Trabajo, acaso no es obvio- digo señalado el mandil.
Me dispongo a dar por terminada esta conversación y dejarlo allí, pero el me agarra del brazo obligándome a voltear.
-En serio, ¿eso es todo?- pregunta, no se a que se refiere.
-No se de que hablas, pero adiós, tengo prisa- musito.
-Me regaste una bebida encima- dice- debería exigirte pagar la tintorería, pero pensé que si me has seguido hasta Francia es porque te gusté, y pedirías una cita- este es tarado o que, será muy guapo, pero vaya que es un idiota.
-Eres idiota, la bebida fue un accidente y ya me he disculpado- digo lo mas calmada que me exijo estar- yo no te seguí, y esa noche no se que me paso, pero créeme, no volverá a pasar, no tengo intensiones de volverte a ver- digo y lo dejo ahí parado.
Vuelvo a caminar según las indicaciones de la joven de la cafetería. Pero el idiota sin nombre invade mi mente, uno no viene a un hospital por paseo, ¿tendrá a alguien ingresado?, ¿qué hacia en Orlando?, su voz la he oído antes, pero eso sería imposible, solo lo he visto una vez y fue la noche en que lo besé, me estoy volviendo loca de pensar en él.
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Un instante para siempre
RomanceAitana es una joven vivaracha, con una meta traza. No tiene tiempo para el amor, y no cree en el gracias a su ex; su único enfoque es su carrera y su familia o se cree. Un viaje que lo cambia todo, unos ojos azules que hipnotizan. ¿Será que vuelve a...
