23. Llamada

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Estoy terminando de ingresar los datos de mi último paciente a la red del hospital, y en menos de un pestañeo pulso una tecla mal y pierdo todo el archivo.

¡Mierda, mierda, mierda!

Solo a mi me pasa esto. Suspiro resignada, mi francés no es tan bueno aún y realizar las historias clínicas son todo un caos cuando se trata de terminología medica.

Demoraré más de lo planeado, le envío un mensaje a Fabrizzio avisando mi demora y me responde al instante.

No hay problema. Dame cinco
minutos y voy a ayudarte, te tengo una sorpresa

Releo el mensaje al menos unas cinco veces.

¡Me tiene una sorpresa!

Me pongo en marcha con volver a archivar las historias clínicas lo más rápido, y esta vez me fijo minuciosamente en cada tecla que pulso.

Estoy en la mitad del trabajo, cuando alguien toca a la puerta.

-Adelante- digo.

La puerta se abre, dejando ver al hombre de ojos azules que tanto amo.

-Muy buenas noches Doctora Rodriguez- dice en un tono muy seductor, que hace que mi piel se erice al instante.

-Muy bue. buenas noches Doctor- pero qué carajos me pasa, tartamudeo.

Fabrizzio cierra la puerta y le pone seguro. Camina con paso decidido hasta quedar frente de mí y se sienta sobre el escritorio.

Solo tenerlo cerca y así de guapo, hace que se me seque la boca y por consiguiente de manera inconsciente me encuentro a mi misma relamiendo mis labios.

-A la mierda la profesionalidad- dice y se levanta, me agarra de la nuca y me atrae hacía él.

Su boca inunda la mía, su lengua juguetona despierta a la mía y nos fundimos en un beso carnal, cargado de deseo, de lujuria, de esos que solo te hacen desear que te saquen la ropa y pedir que te follen hasta perder el conocimiento.

-¡Dios, cómo me enloqueces!- dice con su sonrisa traviesa, se aclara la voz y dice- A terminar sus actividades doctora.

Le dedico una sonrisa inocente y le hago un puchero, sí mi cara de perrito tierno.

-No vuelvas a hacer esos gestos o no saldremos nunca de este consultorio- me advierte.

Mmm... Esa idea me gusta mucho.

Media hora después ya hemos terminado de ingresar todos los datos y salimos juntos hacia el aparcamiento.

-¿Cuál es mi sorpresa?- pido besando su cuello, ya dentro del automóvil.

-Ya lo sabrás- dice besando la punta de mi nariz.

Arranca el motor, y salimos del aparcamiento. El trayecto hasta donde supongo está mi sorpresa es corto, estacionamos a pocas calles de la Torre Eiffel, en dirección opuesta a mi departamento.

Fabrizzio rodea el automóvil, abre la puerta del copiloto y me ayuda a salir del carro.

-¿Cuál es la sorpresa?- pregunto ansiosa.

No responde. Simplemente me deja allí parada frente a la puerta del copiloto, mientras él va hacia la cajuela y saca lo que parece un cesto y una manta.

-¿Picnic?- pregunto como si no fuese de lo más obvio.

-Veo que es muy lista doctora, eso me gusta- dice tomando mi barbilla y rozando mi labio inferior con su pulgar.

Un instante para siempreHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora