24. Trabajo

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¡Y aquí voy de madrugadora un lunes! Refunfuño algo molesta.

Brandon me aviso la noche anterior, es decir, a última hora y si no fuese importante para él, no hubiese accedido a tomar su turno de la mañana.

Me visto muy formal, pero con un toque de seducción, para mi adonis. Desde la noche que vimos Orgullo y Prejuicio no nos hemos vuelto a ver, ayer le propuse que me acompañara a casa de la tía de Ari pero me salió con la excusa que la reunión de esta mañana era muy importante, pero algo en el tono en como lo dijo me hizo pensar que esta evitándome.

Llego a la cafetería del hospital, me pido mi Frapuccino y subo directo a mi planta. Saludo a las chicas que están en la estación de enfermeras y les pido las carpetas de los pacientes de Brandon.

-¿Estas son todos?- pregunto al ver que Dominique solo me da ocho carpetas.

-Si, lo son. El doctor paso la mayoría de sus consultas para el próximo lunes- dice mientras prepara una inyección- Bueno Aitana, el deber llama- dice señalando la jeringa que tiene en su mano y se va.

Voy hasta el consultorio y no puedo evitar mirar hacia el consultorio de Fabrizzio. Se que no esta allí, reviso la hora en mi reloj, es muy temprano, de seguro sigue en la reunión que menciono el viernes.

Paso la mañana en lo que más me apasiona, atendiendo a mis chiquitos entre risas.

No es hasta que Valeria entra al consultorio con dos bowl de ensalada y un par cocas de dieta, que caigo en cuenta que ya es hora del almuerzo.

-Pensé que tendrías hambre- dice Valeria ofreciéndome un bowl.

-¡Mmm.. Que rico! Muchas gracias, no debiste molestarte- respondo con una gran sonrisa. Durante todo el tiempo que llevo trabajando en el hospital, Valeria es lo más cercano a una amiga.

Almorzamos entre risas y chismes, ya saben como dicen muchos ¡Típico de mujeres!

No salgo del consultorio hasta que termino de archivar la última consulta. Me quito la bata y la cuelgo en el perchero, reviso mi bolsa en busca de mi iphone y solo hay un mensaje de mamá, diciendo que me quiere y me cuide, pero ni uno solo de Fabrizzio.

Decido ignorar mis deseos de ir y preguntar por él cuando paso por la estación de enfermeras, entro en el elevador y antes de que se cierre entra Elliot junto a Loredeana, prefiero pasar por desapercibida así que me escondo en una de las esquinas, detrás de un señor regordete.

Al llegar a la planta baja, soy la última en salir del ascensor. Al pasar por la estación de información reconozco a Brandon que esta hablando con el encargado de dicha estación, esta de espalda hacia mi y el otro hombre le hace seña en mi dirección , mi amigo se voltea a verme y me hace un gesto con su mano, respondo a su saludo y me acerco a ellos.

-Vine a recogerte... después de varias horas de jornada, imagino estas agotada- dice mi amigo en cuanto llego a su lado

-Es muy lindo de tu parte..- y dejo la frase inconclusa al verme interrumpida por Brandon.

-Es lo menos que puedo hacer al molestarte para que me suplas en mi turno- dice apenado.

-Sabes que no es molestia- digo de manera sincera- pibe, no somos de aquí, estamos solos, sin familia, hay que apoyarnos.

-Sí, tienes razón. ¿Quieres ir a cenar o preferirías que te lleve directo a casa?- pregunta.

-Estoy cansada pero, cenar no se oye nada mal- respondo.

Salimos del hospital, y cruzamos la calle hasta el edificio de Brandon, entramos al parqueo, él pulsa el botón de seguridad desde el llavero que lleva dentro de su pantalón y a escasos metros de nosotros la luces de un vehículo empiezan a parpadear.

A la final terminamos en un Carl's Jr, la verdad es que Brandon no es un mal pibe a pesar de todo y decido olvidar su comentario de aquella vez. Me platica sobre su vida, su familia y por qué decidió venir a especializarse acá. Al salir del local decidimos ir al cine para ver Los 4 Fantásticos.
***

-Aitana... Los padres de Galia te están esperando- dice Lizzy apenas llego a la estación de enfermería- el Dr. Belforanthor me pidió que te pase la carpeta a ti- finaliza.

-Bien, dame cinco minutos y los haces pasar- musito.

Lizzy me entrega la carpeta de Galia y de tres pacientes más y antes de irme hacia mi consultorio escucho a Valeria llamarme, me giro para verle.

-El Dr. Belforanthor preguntó por ti- musita.

-¿Qué deseaba?- pregunto toda profesional.

-No me dijo, pero me pidió que te avisará que vuelve a la hora del almuerzo- dice ella mientras busca algo en uno de los archivadores.

-Muchas gracias- respondo y me dirijo al consultorio con las carpetas en mano.

Cinco minutos después, tal y como lo pedí entra mi primer paciente, Galia junto a sus padres. Vinieron para la revisión de rutina y conocer los resultados de los últimos examenes, y verlos tan esperanzados me parte el corazón, porque como mi adonis ya me había comentado los resultados no son buenos y el pronóstico de vida de la pequeña es de apenas dos meses.

Las demás consultas con el resto de pacientes, no duran más allá de media hora. A pesar de haber pasado ya cuatro consultas, no puedo evitar seguir pensando en el diagnostico de Glia.

Termino de atender a la cuarta paciente, cuando alguien toca la puerta.

-Adelante- respondo, mientras estrecho la mano con los padres de la última paciente.

Y allí esta él, tan guapo como siempre. Tiene la barba recién afeitada, su aroma me embriaga por completo, me hipnotiza. Lo veo embalsamada como saluda a la paciente y sus padres mientras ellos se marchan.

Es una suerte que este sentada en el sillón, detrás del escritorio o me caería, todo mi cuerpo tiembla al verlo caminar en mi dirección. No se como, pero ya esta a escasos centímetros de mí, su perfume penetra aún más fuerte en mi ser. Fabrizzio me levanta del sillón o bueno lo hago yo en busca de sus besos, en busca de esos labios que me saben tan bien. Los devora sin clemencia, su juguetona lengua despierta a la mía, pasamos así segundos que parecen eternos, y en un arranque de locura mi mano navega hasta su entrepierna y froto por encima de la tela del pantalón, Fabrizzio intenta retirarme la mano, pero no le permito, no ahora por lo que insisto otra vez y le vuelvo a frotar, mi adonis deja escapar un gemido que me invita de manera indirecta a tomar las riendas de la situación y mientras él deposita besos húmedos en mi cuello, yo no resisto la tentación y con ambas manos le quito el cinturón, desabrocho su pantalón y de a poco le voy despojando de su ropa.

La lujuria y el deseo se abren camino en esta habitación, ese deseo desfrenado de recorrer cada centímetro de piel, de penetrar hasta lo más profundo del alma mientras soltamos palabras de cariño, de promesas, mezcladas con palabras calientes, provocadoras y embestidas tras embestidas que nos lleven al clímax.

Un instante para siempreDonde viven las historias. Descúbrelo ahora