CAPÍTULO 13

194 16 0
                                        

Ball

El ser más extraño que he conocido ha sido el ser humano, es el único ser que no sabe hacia donde se dirige, no sabe exactamente que va a hacer ni a que se podría enfrentar. Son escasos los que logran descubrirlo y dicen que es por una especie de magia que contemplan en bolas de cristal.

Nadie desconoce el océano como ellos, son tan extraños, son tan agiles y malvados. Cuando se hunden en las aguas fingen ahogarse; cuando flotan, no lo hacen porque están muertos sino porque aprecian el ruido del océano. Nunca bajan hasta las profundidades, se mantienen en el mismo rango, sino desaparecen, explotan.

Son extraños.

Concentran muchas partes de su vida en la tierra, no saben respirar bajo el agua y no tienen branquias. Pueden morir fácilmente, tienen un par de pulmones que se acumulan con oxigeno o con agua, a veces se oscurece.

Deslizo las manos en las olas mirándola caminar de un lado a otro en la arena blanca. Esta sola en esta pequeña isla, moviendo rocas, quiere hacer una torre de rocas planas, hasta les ha dibujado caras, lo cual me enoja un poco, la tinta cae en el agua.

No se da cuenta que estoy mirándola desde hace horas, la seguí cuando subió en ese yate completamente sola, fui por debajo y quité las algas enredadas en la turbina. Dijo que iría a otro lugar, la escuché gritando, pero cuando vio esa isla, se quedó ahí.

Toco la ola que la toca a ella, envío un escalofrío y se gira de inmediato, tiene ojos tan adictivos. Pestañas rubias le acarician la piel cuando pestañea, respira apresurada antes de alejarse llevándose consigo algunas rocas.

Sigue armando sus torres, toma los rotuladores, dibuja cositas y se ríe. Su cabello rubio se agita con el viento dejando ver su oreja donde esta uno de sus audífonos. Siempre está escuchando música, es tan...interesante.

Empujo una ola hasta que le roza el dedo del pie, arruga el entrecejo enrojeciendo y se aleja un poco más con sus rocas y rotuladores. Vuelve a sentarse en la arena, su short le queda flojo en los muslos y tiene cientos de pendientes en la oreja, algunos brillan.

Chasqueo los dedos bajo el agua, las gotas se sumergen yéndose hasta ella y salpican de la nada. Elaine no se mueve, se limpia la cara y estira su camiseta corta para cubrirse el ombligo con piercing.

Junto mis dedos halando el agua, ella mueve su pie en un ritmo extraño, sus labios sueltan una risa, no creo que hable con nadie.

Me sumerjo conteniendo el agua, la suelto y me acerco un poco más, no va a verme, nunca va a poder verme mientras este sumergido, pero puedo escucharla. Sus labios tarareando una melodía, no es profunda, superficial, saborea su paladar y contemplo la saliva en su boca adentrándome.

Hay agua en su interior, hasta sus oídos donde la música es tan fuerte que altera sus ondas nerviosas, repeticiones constantes, nadan en desesperación. Pero hay un toque de bongos, "Water Flow - Klyne" es lo que escucha y tararea, aunque su voz no se escuche dentro de su cabeza, lo sopla.

"¿Qué haces?", susurra una voz en el océano.

Volteo dejándola y me sumerjo encontrando a Nolo mirándome, hace un gesto con los dedos para seguirlo. Hasta las profundidades del océano resultan cansadas de existir, no tienen una finalidad para los humanos, solo un motivo y siempre creen que va a haber bestias y enormes pesadillas.

Tal vez, ante sus perspectivas no se equivoquen tanto, no cuando en realidad si hay monstruos, pero no son animales y no son tan diferentes de los humanos, diría que hasta caminamos entre ellos.

El océano puede verse azul, pero realmente hay tantos colores dentro de la oscuridad que nadie se atreve a encender una linterna.

Nosotros no hablamos bajo el agua, nuestras voces están hechas de agua así que corren igual a la corriente, se susurran entre olas y movimientos, algunos usan la arena o se ríen entre caracolas, pero odio cargar caracolas.

THE WHALE BOYDonde viven las historias. Descúbrelo ahora