Ball
Recojo la red escuchando a Tino dar más órdenes. Hemos estado cargando cosas todo el día y lo único que sabe hacer es llenarnos de más tareas en el acuario, ya ni siquiera recuerdo cuantas veces he lustrado el piso.
Tino se ríe apuntando a un cachalote que ha pasado a visitarnos, sus ojos se ponen azules y apoya su mano en el cristal. Lo ignoro girándome hacia Prisca que está nadando con una esponja y quitando las manchas que dejan las algas, solo esponja y agua natural del mar, a diferencia de Ferry que se las arregla para mover a las estrellas de mar de un lugar a otro.
Mojo mis labios tirando la red a un lado y me enfoco en uno de los tiburones martillo que está herido de una aleta. Me siento al borde de la piscina donde lo tenemos y brinco metiéndome junto a él.
El tiburón intenta atacarme, nada con velocidad queriendo chocarme, pero cuando deslizo mi mano en su aleta, se relaja reconociéndome y empiezo a revisar su herida. Le hice un prototipo para que pueda nadar, probablemente no le dure mucho, pero le va a servir, es solo una prueba por ahora.
Presiono su aleta, se da la vuelta y me percato en que no ha habido daños, la aleta funciona de maravilla y su herida ya no sangra, ha cicatrizado. Le toco la cabeza con cuidado, sin dolor, ya no siente dolor en ningún lado, pero si incomodidad, asumo que va a acostumbrarse a nadar con su nueva aleta.
Dejo el área de tiburones cubriendo por encima con la red para que las aves no los molesten y me encamino al área de los peces. Ferry sigue luchando contra las estrellas de mar, discute con ellas, me rio, sin embargo, Prisca ha desaparecido.
Reviso mi móvil una vez que he terminado con los peces, Tino tiene una ceja arqueada porque alguien viene gritando. El cabello azulado y ennegrecido de Prisca vuela por el aire, gotea por todos lados mirándonos, preocupada.
—Trajeron a las orcas —jadea apoyándose contra una pared —. Atacaron a una ballena, una azul...duele...
Abandonamos todo lo que hacemos para correr antes que ella caiga al piso, Tino sale disparado por la medicina. Ferry ata el cabello de Prisca y la fiebre se dispara. Inhalo profundo, sus pliegues gulares se resaltan, su latido se escucha y empieza a sudar.
Tino se tira al piso a nuestro lado, abre la boca de Prisca introduciéndole las gotas. Ella esta quieta con los ojos cerrados, sus uñas se han puesto puntiagudas, sus costillas se resaltan y cuando abre los ojos los tiene totalmente oscuros. Rompe a llorar tirando de su cabello mientras Tino nos ve de reojo.
—Alguien las ha traído, es una protesta, los cuidadores de las orcas nunca las mueven hasta aquí, siempre tienen un propósito —espeta muy confiado, acunando a Prisca para calmarla —. Deben ir a buscar a Poncio, es el único que va a darles respuestas, está lejos, pero deben hacerlo.
—No tenemos ningún medio de transporte para ello —protesta mi amigo.
—Había muchas orcas, están en todos lados, toda la semana las he visto, he alejado a una manada de ballenas para que no las atacaran
—¡Pero es imposible llegar a Poncio! Vamos a agotarnos, no hay nada para descansar en esa distancia y si tocamos esas aguas estaremos perdidos, nadie sobrevive al mar muerto, hay mucho exceso de sales, y calaveras.
Pico mi frente, perdido, esto va a ser imposible. Voy a decir algo cuando escuchamos un golpe, las alarmas se activan, las luces rojas disparan en los pasillos y el agua escapa de uno de los cristales.
Una manada de orcas empuja rompiendo los vidrios, Ferry y yo corremos hacia las especies heridas y en peligro. Activamos la capa de seguridad bloqueando los cristales y movilizamos los acuarios pequeños para subir a los animales.
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THE WHALE BOY
JugendliteraturElaine De Ferreiro, la prometedora hija del mejor diseñador de Europa, se ha vuelto una burla para todo ciudadano, incluyéndose ella misma, incapaz de ir al océano y dejar esa fosa donde el alcohol, las fiestas y los recuerdos la llenan del mismo ar...
