CAPÍTULO 11

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Ball

Empujo la puerta de la casa de Tino escuchando por octava vez en la semana la canción favorita de Nirvana de Prisca, creo que me lo he aprendido de memoria y es tan absurdo porque no consigo quitármela de la cabeza.

Voy directo a su habitación, esta recostada sobre la alfombra pintándose las uñas del pie de color negro y rojo, tiene un cigarrillo en los labios y en su cama esta recostado otro tipo, tal vez ahogado o reseco, no estoy seguro.

El chico va muy pálido, tiene los dedos de las manos arrugadas, los ojos cerrados y una ligera presión en el cuello, sin embargo, su ropa no esta tan mojada como debería y Prisca aspira el agua con los labios formando ligeramente una O.

—Vete —le espeto al chico.

—Eh, ese de ahí es mío, no tuyo así que vete a la mierda —contesta Prisca haciéndome una grosería con el dedo.

La única que puede mandarme a donde sea es Elaine.

Carraspeo incomodo ante el pensamiento, continúo insistiendo con el dedo. Estoy a punto de tomarlo de la camiseta para sacarlo de la habitación, pero Prisca chasquea los dedos y el chico recupera su hidratación, nos ve algo mareado, la falta de oxígeno.

—¿Tan urgente es?

—Si.

—Vaaale —pone los ojos en blanco apuntándole al tipo la dirección de la puerta.

Apenas lo veo irse me concentro en como ella suelta sus labios, exhala blanqueando los ojos y en su piel se define el color azulado, sus ojos ruedan hasta ponerse totalmente oscuros con una ligereza blanca que no alcanza a notarse. Se ríe sacándome la lengua y me siento frente a ella pellizcándole la rodilla.

Prisca exhala retomando su color de piel algo morena palidezca, sus ojos acules oscuros y su cabello de un azul ennegrecido como la noche proyectándose hasta las puntas donde se desvanece una gotita de agua que rebota en su muslo descubierto.

Mis ojos van de lado a lado en frente de Prisca antes de decirle de la forma menos patética e intentar ser amable con ella sin que terminemos peleando, sin embargo, noto que aún tiene los pliegues gulares en el cuello, tres exactos que se digna a pegarlos a su piel.

—Prisca.

—Jodete —levanta el dedo de en medio fijándose en las uñas de su otra mano.

—Ayúdame, eres irritante, por Tritón, pero debes saber sobre moda —hago una mueca a lo que ella me ve ofendida.

—¿Es en serio?

—No tengo otra opción.

—Pregúntale a un chico, oh si, ups, no tienes amigos, perdón.

—Si no te ahogo es porque estas pintándote las uñas —le advierto y ella tensa la mandíbula —. Pero tal vez lo considere ¿no crees?

—Tal vez debas cavar un pozo y comer conchas y almejas.

—Y tal vez tu deberías caer en las fosas marianas, pero ¿qué no te echaron por armar líos? —sonrío de lado recibiendo un pellizco —. ¡Auch! No vayas a dejar marcas.

—Yo decido donde dejar ¿eso es más claro que el agua?

—No.

Voltea los ojos retomando sus esmaltes de diferentes tonos, levanta dos y le apunto al de color rosa.

—¿Y qué quieres exactamente? —alza las cejas soltando una risita —. No deberías interrumpir mis inhalaciones.

—Aspirar el agua de los humanos no te corresponde.

THE WHALE BOYDonde viven las historias. Descúbrelo ahora