CAPÍTULO 16

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Brinco viendo un techo blanco y una ventana de madera, no es mi cama, está muy dura, y se siente como las camas de los supermercados cuando son nuevas, además son sábanas blancas y hay demasiada luz aquí adentro.

Doy un respingo sentándome de inmediato, el dolor de cabeza causa un pinchazo en mi frente. Jadeo mirándome, lleno puesto una camisa celeste, bragas que no son mías y tengo el cabello cepillado.

Grito al ver algo moverse, me cubro con la manta viéndolo sentado en frente de su portátil, usa cascos, la música se escucha hasta aquí pero no consigo definir que canción es la que lo tiene tan absorto. En la pantalla se detalla información sobre ballenas.

Tomo asiento al borde de la cama contemplando el resto de su habitación, tiene vista al mar, hay un ventanal que lleva a una piscina, una sola lampara y varias cosas muy extrañas. Ganchos de pesca que no sirven, viejos adornos, cosas oxidadas, piedras de cristal de arena, piedras grises y blancas, unas figuras en madera, huesos, dientes de tiburón ¿es eso? Si, creo que sí.

Se pone a dibujar en un cuaderno, la figura de los huesos de un tiburón, la define perfectamente y sigue leyendo. Luego garabatea la hoja y pasa a una nueva, no tarda en hacer el boceto, pero quiere como que poner la mordida de...algo en el tiburón.

Gira y me mira con una sonrisa, se quita los cascos, me quedo quietecita. No alcanzo a tocar el piso, su cama es muy alta o quizás soy muy bajita.

—¿Qué hago aquí? —pregunto en un susurro —. ¿Qué paso anoche?

—Te ahogaste.

Hace un gesto levantándose de su lugar y se va a tomar una caja donde hay más lápices de dibujo. Ni siquiera muevo un dedo, sigo mirando a mi alrededor, ¿por qué traerme aquí y no llevarme a mi casa?

—¿Cómo me ahogue? Solo estaba viendo la orilla.

—Asumo que estabas tan fría como el océano, no te fijaste y caminaste directo a las olas —explica rebuscando un lápiz negro —. Miriam llamó a Ferry, te estábamos buscando y luego ella no pudo encontrarte.

—Claro —asiento en un suspiro —, ¿Qué hago aquí? ¿mis padres saben...?

—Este lugar era más seguro que llevarte donde tus padres —toma asiento a mi lado.

Rápidamente me levanto de la cama y voy a sentarme en su cómoda donde asumo debe guardar más de su ropa, porque tiene el armario muy pequeño.

—Mis padres me hubieran llevado a un hospital.

—No era tan grave como piensas —alza un hombro, sus ojos están claros, celestes, tiene el cabello brillante, muy bien lavado y algo despeinado —. Y te he salvado de un castigo, ¿incendiar a Hamil?

—¿Cómo lo...? Miriam, claro —señalo juntando mis manos sobre mis piernas —. Mira, realmente nunca he hecho nada loco, no suelo hacer nada así, simplemente dejo que se lo olviden, pero ayer no quería una fiesta, estaba enojada y, por si fuera poco, todo el mundo me vio las tetas, incluyéndote, y espero que alguna vez hayas visto tetas, las mías no son tan geniales, sin embar...

—Son geniales.

—...go, no tengo idea que paso aquel día, yo estaba drogada, ¿sí? Ya te dije que consumía, era un poco adicta, me internaron un tiempo... Espera, ¿qué dijiste?

Estrecho la mirada, sus orejas y mejillas enrojecen, me mira, lo miro. Mis vellos se erizan en mi nuca, mi corazón empieza a latir demasiado rápido, tiene los ojos muy bonitos y muy raros al mismo tiempo y su cabello se ve tan suave como si fuera un poco de hilos satinados o como si se lo hubiera planchado.

THE WHALE BOYDonde viven las historias. Descúbrelo ahora