CAPÍTULO 20

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Elaine


Coloreo la capa del pantalón con verde, la punta del lápiz se me vuelve a romper y busco el saca punta para hacerlo de nuevo. Tenía diez centímetros cuando saque la caja de colores, ahora creo que va a empezar a medir solo dos centímetros.

A quien engaño, lanzo el lápiz y me levanto para ir a verme al espejo. Me hago un moño, pero luego lo suelto, mi cabello no es tan largo para hacer un moño o una cola, no va, a lo mejor un gancho de los que tienen puntas.

Envuelvo mi cabello y le pongo el gancho recogiendo todo mi cabello. Suspiro, aliviada, miro el maquillaje que llevo puesta, es poco, quizás necesito mas ¿Qué tal si no estoy lo suficientemente bonita? A quien le importa esto ¿Por qué me preocupo por ello?

Cojo un cigarrillo de la mesa, lo enciendo y me miro al espejo con una camiseta de manga cero que tiene garabatos rojos y llevo jeans a la cadera. Hago una mueca girando un poco para ver mi trasero, los pantalones lo alzan y tengo el piercing falso en el ombligo.

Hacía años que no me esmeraba por verme bien para un chico, me daba igual, vestía como se me apetecía —igual que ahora, de hecho —, solo que las cosas eran más fáciles. El que me gustaba terminaba en mi cama o yo en su cama, lo cual era genial.

Pero ahora, ahora las cosas son distintas. Ball no es de ese modo, apenas me toca, no me mira las tetas, no me mira el culo, no me mira cuando uso bikinis, realmente no tiene esas ganas de llevarme a un baño público y sentarme en su regazo y hacerlo hasta que la policía venga porque no debemos hacerlo ahí.

Que frustrante.

Voy hacia mi cómoda, cojo el control remoto de la televisión y la enciendo buscando el canal de la música. Camino de lado a lado presionando los botones, mi móvil yace sobre mi almohada y he ordenado mi habitación solo porque sé que él va a venir.

No haremos gran cosa ¿cierto? Me puse jeans, si fuéramos a hace otras cosas, usaría falda o vestido. No lo se. Él dijo que traería pizza, quizás vamos a ver pelis y luego se ira a su casa, o solo estoy dándole vueltas a las cosas y no va a llegar.

Brinco cuando la ventana se abre y veo a Ball meterse con dos cajas de pizza y una bolsa de botellas que suenan. Cierra la ventana y se gira, brinca al mirarme. Vemos hacia el escritorio donde Caspio se está lamiendo la panza y va más abajo y más abajo.

Cargo a mi gato para echarlo de la habitación, aunque ni es necesario porque maúlla subiéndose a la ventana lateral que está abierta y salta hacia el árbol. Ball sonríe mientras me apresuro a cerrar las ventanas, Caspio sabe entrar a casa, tiene muchas entradas y escondites.

—¿Cómo estás? —pregunta Ball dejando las cajas de pizza en el piso —. Traje tu soda favorita y el ajo que me pediste.

Oh, entonces si vamos a comer la pizza.

Exhalo sentándome en la alfombra con las piernas cruzadas, Ball me copia enseñándome las pizzas y sonrío.

—Gracias.

Pero todo es tan incomodo, joder santo, nunca me había puesto tan nerviosa con nadie. Me tiembla la mano, ni siquiera puedo sacarla de debajo de mi muslo y veo a Ball comerse una rebanada de la suya que huele terriblemente mal, malditos pescados.

—Cuando era niña amaba esa pizza —hablo sin poder mirarlo.

—¿En serio? Puedes tomar la mía si quieres.

—No...es...yo...ya no como de esa, dejé de soportar el olor.

Ball abre los ojos, asustado, cierra la caja y empiezo a temblar cuando intenta llevar la comida a la cocina. Mis padres no están, la servidumbre tampoco, pero hay cámaras y si me pillan con un chico a solas en casa, tendré otro castigo en mi larga lista de castigos.

THE WHALE BOYDonde viven las historias. Descúbrelo ahora