Las cosas no entran en el auto, ni una de las maletas y claro que hay tres mías, pero ese no es el punto. Mi bebé es más pequeño de lo que pensaba y casi ni queda espacio para llevarlo en los asientos. No debí prestarme para estas cosas, debimos rentar una van.
Muevo a un lado la maleta de Coralina, es pequeña de color marrón, la de Ferry esta encima y es la más pesada de todas. La de Ball va encima junto a la mía.
Mis padres nos han mandado a la casa de playa antes de lo previsto porque no iban a poder llevarnos. Ellos irán el mismo día, nosotros vamos adelantados aprovechando que el verano va a empezar.
Termino de acomodar las maletas en el capo trasero de mi auto. Me levanto a ver por encima si es que vienen a mi encuentro. Hacía unos minutos que Coralina estaba terminando de empacar comida en una cesta y Ferry de hablar con mi padre, así que tendrían que estar saliendo en un rato.
Ferry le comentaba sobre que colores quedarán mejor en su nueva colección que se presentará en Nueva York. Así que mi padre tiene a mi novio que hace de modelo cuando nadie más quiere, a su amigo que tiene mente para recordar y nombrar todos los colores, a mi amiga que trata de cuidarme y a su hija mala influencia.
Somos geniales.
Cierro el capo buscando la llave, le doy unas vueltas y me voy hacia un lado del garaje para sujetar a Caspio. Lo pongo dentro de su maleta de gatos viajeros y lo llevo a los asientos traseros al lado de Poly con quien se empiezan a maullar.
Ojalá hablara gato.
Salgo del auto buscando a mis compañeros de viaje, aún no han salido. Si vamos tarde, puede que cojamos tránsito y no planeo conducir por horas. Me va a doler el trasero por andar tanto tiempo sentada.
Relamo mis labios conectando mi móvil con la pantalla del vehículo y veo a Ball venir caminando con una bolsa llena de chuches. Suelto una risita atrapando la botella de jugo de fresa que me lanza, deja la bolsa en el asiento del copiloto y pone mi cajetilla de cigarrillos en el bolsillo delantero de mis jeans.
—¿Algo interesante?
—Además de que solo vendían papas fritas con sabor a ajos, no mucho —exhala haciéndome reír, bebo un poco de mi jugo y lo miro, algo relajado —. Deja de preocuparte.
—Pero habrá luna llena y sueles... —lo miro de pies a cabeza, de nuevo con el cabello castaño y los ojos claros, sin pliegues gulares.
Luna llena de nuevo, justo para el día del viaje, empezó anoche y Ball ha vuelto a verse como un humano corriente y normal. A Ferry no le afecta tanto, son pocos aspectos que le toca a él, pero Ball es el más afectado de los dos.
—¿Qué pasa si te ahogas de repente? ¿o si te traga un tiburón? —exagero abriendo las manos frente a él, dramáticamente —. Eres demasiado pesado para mi ¡me vas a romper la columna y no poder salvarte y nos ahogaremos juntos! Sería muy Jack y Rose, pero sin el barco ¡O seremos como Pinocho y Gepetto!
Voltea los ojos, suelto una risita.
—Claro que se cómo nadar.
—Ujum.
—Y no va a comernos ningún tiburón —pone mala cara enfocándose en mi —. Y no sé quiénes son todas esas personas ahogadas que mencionaste.
Rio acercándome a rodearle la cintura, Ball no deja de ponerme mala cara, aun así, pasa un brazo por mi espalda hasta dejar su mano en mi cintura y acariciar la piel desnuda que deja mi camiseta.
—Me gusta cuando te ves más humano —hablo cerrando los ojos por un momento.
—Desearía poder controlarlo un poco mejor. Ferry no pierde muchas cosas, su memoria sigue igual.
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THE WHALE BOY
Fiksyen RemajaElaine De Ferreiro, la prometedora hija del mejor diseñador de Europa, se ha vuelto una burla para todo ciudadano, incluyéndose ella misma, incapaz de ir al océano y dejar esa fosa donde el alcohol, las fiestas y los recuerdos la llenan del mismo ar...
