CAPITULO 32.

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Michael.

Estar con ella era tan placentero, y no solo sexualmente hablando, era tan tranquilo, hacía que me olvidara de mis problemas, y valla que eran muchos, fuimos a mi recámara y nos dirigimos al baño.

— ¿Te bañaras conmigo? — La miré con una sonrisa.

— Si así lo quieres. — Ella sonrió y asintió, preparé la regadera hasta que esta salió caliente, desabotono la camisa y la dejo por algún lugar del baño, junto con su pantaleta, hice lo mismo y nos metimos al agua, la bese cortamente, la tomé de las piernas y las enrollé en mi torso otra vez, me besó de nuevo.

— ¿Por qué te gusta tenerme así?

— Porque es mi manera para no dejarte ir, aparte se que te gusta estar así. — Sonrió y me besó, tomó el shampoo y lo puso en mi cabello, mientras le daba pequeños masajes para hacer espuma, la bajé lentamente de mi para hacer lo mismo, nadie hablaba, solo disfrutábamos de enjabonarnos. — Abre las piernas Valu. — Dije mientras la volteaba para que quedara frente a mi.

— ¿Que vas a hacer?

— Enjabonarte. — Dije y dirigí mis dedos hasta su zona, introduje uno y ella gimió, la bese mientras jugaba dentro de ella.

— Mike...

— Si Valu. ¿Que ocupas? — Introduje otro dedo cortando lo que iba a decir. — ¿Puedo hacer algo por ti? — Aumente mis movimientos acariciando con mi pulgar su punto débil, deje que se corriera en mis dedos y se recargó en mi pecho agitada, la recargué en la pared y alce sus piernas nuevamente, la bese antes de introducirme en ella.

— Joder...

— ¿Te gusta?

— Si Mike, sigue. — Mis movimientos aumentaron y yo no pude evitar correrme unos minutos después, junto con el orgasmo de ella. — Ya basta, no aguantaría otro round.— Me reí y la bese. Terminamos de bañarnos y salimos de la regadera, salimos en toalla y buscamos nuestra ropa limpia, ella se puso un conjunto blanco de seda con varios conejitos dibujados.

— ¿Tienes alguna trastorno o porque todas tus pijamas son de animales? —

— Porque son tiernas, aunque puedo robarte tus playeras si mis pijamas te parecen ridículas.

— No son ridículas, solo a lo mejor es un fetiche tuyo.— Ella me miró mal y yo me reí. — Y no tengo problema con que te lleves mis playeras, seguro son más cómodos a que tus pijamitas. — La bese.

— Oye, hay que limpiar el desastre de abajo. — Le hice una mueca.

— Para eso está Fátima.

— No Mike, me da pena con ella.

— Valentina, Fátima ya ha lavado las sábanas llenas de nosotros.— Ella me pegó un manazo en mi hombreo y yo me reí al verle la cara roja.

— Vamos a limpiar, y si quieres cocino la cena.

— Ya que.

[...]

La noche transcurrió de lo más tranquila, nos pusimos a ver una película en el cuarto y fue Valentina la que se quedó dormida primero, la tape y fue cuando yo también me quedé dormido.

Desperté por mi celular sonando, me quejé y lo apagué, era mi madre, la ignore y me voltee a abrazar a Valen, pero una vez más, el sonido hizo que interrumpiera mi acción, escuche quejarse a Valen y me reí, llevé el teléfono a mi oreja y me levanté con mucho cuidado para no despertarla.

Jugando Con FuegoDonde viven las historias. Descúbrelo ahora