Michael.
Salí de la escuela para irme al despacho, me había quedado preocupado por Valentina, sus ataques de pánico no eran normales, no debían de serlo, y ella se los tomaba tan tranquila, no sabía qué tan recurrentes eran, y si sus amigas o incluso el imbecil de su novio sabía, pero al menos en lo personal, no podía dejarlo pasar por alto, llegué al despacho y Claudia, mi secretaria me pasó mis pendientes, le dejé mis avances de todos mis casos en una USB y en físico, así como indicaciones sobre quienes se quedarían a cargo de ser que yo no pudiera seguir, ella asintió ante mis indicaciones, y como era costumbre, me llevé mi trabajo a mi casa, cada vez pasaba menos tiempo en el despacho, eso era un hecho, pero siempre venía a ver si todo marchaba bien, hoy tenía planeado quedarme gran parte de la tarde, pero no contaba con que Valentina estaría en mi casa, y lo que menos quería era dejarla sola, me despedí de Claudia y salí de mi oficina, pasé a una tienda a comprarle unas cosas que seguramente le serían muy útiles a Valentina, las metieron a una caja de regalo y salí para irme a mi casa.
Aunque no quisiera admitirlo, se veía contenta con sus cosas nuevas, como niña con juguete por estrenar, la dejé sola en cuanto llegó Matías, su primer niño, la vi sentarse en el comedor y yo me metí a mi despacho a firmar unos papeles, así como seguir con la demanda de Valentina, la cual si me traía con un gran estrés, aunque no lo admitiera... al cabo de unos minutos, necesitaba un café, así que salí de mi despacho, pero detuve el paso al ver a Valentina explicándole al niño, mientras el pequeño se rascaba la cabeza, eran multiplicaciones lo que le estaba enseñando, y estaban haciendo una plantilla, se le veía conforme con lo que hacía, tranquila, sin estrés, tocaron el timbre y fui a abrir, era la madre del niño.
- Matías, han llegado por ti. - Ambos recogieron sus cosas y llegaron a mi lado.
- ¿Cómo te ha ido?
- Bien mamá, jugamos mientras aprendía las multiplicaciones, ya me sé la del 4 sin problemas. ¿Cierto?
- Cierto, y la del 3 también. - Valentina sonrió, haciendo que la madre también lo hiciera.
- ¿Puedes verlo tres veces a la semana? - Valentina me miró, y yo le sonreí, mientras asentía.
- Si claro, coordinamos los días.- Ellos se despidieron y yo cerré la puerta. - ¿Hace cuanto nos estuviste viendo?
- Te sorprenderías.- Dije mientras íbamos a la cocina, puse la cafetera, y me voltee a ella.
- ¿No te molestará tenerme acá dando las clases? - Me reí levemente.
- No, eso te distrae, y está bien.- Le sonreí, tome su mano y acaricie las pequeñas marcas de hoy, apenas y eran visibles. - ¿Hace cuanto que pasa esto?
- Desde que murió mi papá. - Dijo en un susurro. - Eran constantes por las noches, y después desaparecieron, pero al parecer no del todo.
- ¿Tus amigas...
- No. - Me corto rápidamente.
- Nadie sabe, ni Jorge ni mi madre, nadie... solo tu, y así quiero que se quede.
- ¿Necesitas ayuda? ¿Puedo hacer algo por ti? Solo pídelo.
- No, yo estoy bien Michael de verdad, esto es... solo un bajón.
- Prométeme algo.- Ella rodó los ojos, mientras se tallaba la frente con sus dedos.- Que si me necesitas, que si vuelves a tener estos ataques me llamarás, sin importar que, sin importar la hora, por favor. Es lo único que pido.
- ¿Por qué haces todo esto?
- Porque me importas. Promételo Valen. - Ella asintió.
- Te lo prometo.
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Jugando Con Fuego
RomanceValentina Zenere tenía una vida casi perfecta... o al menos eso parecía antes de que la muerte de su padre la derrumbara por completo. Sus calificaciones se desplomaron, su beca peligra y cada día en la escuela se siente como una cuenta regresiva ha...
