CAPÍTULO 23

240 23 16
                                        

Valentina.
Salí del hotel para ir con Michael, Fátima me había mandado un msj hace unos días de que estaba invitada, incluso antes de que lo hiciera Michael, pero no dije nada, confirme asistencia cuando le tuve que marcar a Fátima para saber el pastel favorito de Michael, y estuvimos platicando ayer después de mi clase, me había dicho lo mucho que supuestamente le importaba a Mike, y lo contento que le pondría que yo fuera, y fue cuando lo decidí, después de darme cuenta que efectivamente, soy su única invitada, y su única amiga, según Fátima.

Me subí al coche de Mike y le agradecí por las flores, había sido un lindo detalle, eran bonitas, no pude evitar sonreír, y olerlas un poco, lirios, eran lindas las tomé con cuidado, ojalá me durarán mucho tiempo. A pesar de sus palabras, decidí ir con el, Fátima me contó que se había puesto contento ayer cuando le confirme que vendría, y que hoy le había preguntado si creía que las flores me gustaran, lo vi de perfil, siempre he dicho que es guapo, no es esa la razón por la que evito estar con el, si no por la parte complicada, los problemas que puede ocasionar, y que en fondo me daba miedo que para él solo fuera un pasatiempo, un juego y después todo se fuera a la mierda.

— ¿Que tal tu clase con Matías?

— Muy bien, de verdad no me cansaré de agradecerte por dejarme usar tu casa.

— No es nada, cuando tengas tu casa de regreso, podrás también dar clases ahí. —Me sonrió. — Solo tienes que confiar un poco más en ti.

— ¿De dónde conoces a Fátima?

— Su madre fue mi nana por unos años, Fátima literalmente creció en casa toda su niñez casi, siempre nos llevamos bien, y después ella se vino con su familia, crecí y dejé de necesitar nana, por eso cuando me vine, no dudé en llamarle para que me ayudara.

— Pensé que tenían algo. — El se rio.

— Fátima es como mi hermana menor, es una gran amiga, siempre me hace ver las cosas desde otra perspectiva. Me ayuda mucho.

— ¿Por eso es que trabaja para ti?

— No la quería contratar, era raro, pero insistió tanto, que quería pagarse la universidad, que quería ayudarme, que quería ayudar a sus papás, así que, simplemente la dejé, siempre y cuando no descuidara sus estudios. —Asentí, estacionó el coche frente a una casa pequeña, color beige, de dos pisos, se veía linda, estaba frente a un pequeño kiosko. — Hemos llegado. Puedes dejar las flores atrás.

— ¿Y si se marchitan? — Dije tratando de ocultar mi tristeza.

— Mantendré el coche fresco.— Se bajó y rodeó el coche para abrirme la puerta, con pesar, deje el lindo ramo de flores en el asiento de atrás, él tomó una caja y la tomó en brazos. — ¿Cómo debo presentarte? — lo miré confundido.

— Digo, puede ser como amiga, como novia, casi novia, como la chica con la que follo.— Lo miré mal.

— Como lo que soy Michael, una amiga.

— Ya... — Cerró la puerta, y me tomó de la cintura.— La próxima vez que vengamos, te aseguro que será como mi novia.

— ¿Tan seguro estás?

— Siempre. — No me dejó responder porque tomó mi mano y caminó hacia la entrada, quería soltarla pero decidí dejarla ahí más tiempo, las miré discretamente, mi mano se veía diminuta a comparación de la de él, sonreí inconscientemente, tocó el timbre y en pocos segundos la puerta fue abierta por una señora un poco mayor, de unos 45 quizá, quien sonrió al verlo.

— Mi Mickey.— Lo abrazó fuerte, sin dejarlo hablar.— Pero mírate que enorme, tiempo sin verte. — Le dio un beso en la mejilla, él se alejó un poco y volvió a tomar mi mano, le entregó la caja de vino, y ella la miró con reproche.

Jugando Con FuegoHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora