CAPÍTULO 21

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Valentina.
Debía admitir que el pensar que le podía pasar algo por mi culpa hacía que sintiera un vacío en el estómago, no podía permitir que algo le pasara, no, no me lo perdonaría, y él no se lo merecía, no solo podía pasarle algo a él, si no a la gente a su alrededor también, solo por mi abuela loca, me mordí mi labio inferior, tenía que hablar con mi madre, pero no sabía que iba a decirle exactamente "oye mami, es que tu suegra está loca, está amenazando a nuestro abogado y entonces tenemos que dejar perderlo todo" obviamente esa no era una opción, tendría que hablar con Michael, decirle que hable con mamá y que sea él quien le explique las cosas, eso era lo mejor, lo ideal.

— Valen... — Salí de mis pensamientos con la voz de Jorge, parpadeé rápidamente. — Ya llegamos al hotel, ¿Todo bien?

— Si, si, todo bien. — Le sonreí. — ¿Te quedas?

— Si. Debo hablar con Gastón. — Nos bajamos del coche y entramos al lobby, esperé a Jorge mientras se acercaba a Gastón y se ponían a checar unos papeles. Sentí mi teléfono vibrar, así que lo tome.

Número desconocido

Extrañada, contesté.

— Hola...

— Mi nieta consentida.— Me quedé callada, era mi abuela, Constanza Zenere, no puede ser. Tragué en seco, las palabras no salían de mi boca, era como si me hubiera quedado muda.

— ¿Que quieres abuela? — Dije después de unos segundos, apenas en un hilo de voz.

— Valentina mi corazón. ¿Como han estado?

— No sé qué quieras...

— Sabes lo que quiero. Dile a tu abogado que deje el caso, tu padre me dejó todo a mí, no hay nada que investigar, no hay nada que demandar, tu padre las dejó en la calle.

— No hables de él, no se te ocurra. — Dije con los ojos al borde del llanto, y mi corazón latiendo a mil por hora. No no no no, un maldito ataque de pánico, de ansiedad, de estrés, o tal vez un infarto era lo que estaba sintiendo.

— Si no quieres que Michael Ronda termine como el abogado anterior, el que contrató tu padre, habla con el, y dile que deje todo como está, si no, tendré que ir personalmente a arreglarlo, dile que yo soy de armas tomar, apuntar y disparar. La visita de ayer en su casa, no fue cortesía Valentina. — Le colgué sin siquiera dejar que terminara, fui al baño y me enjuague mi rostro, mi corazón estaba a mil por hora, me faltaba el aire, y mis piernas temblaban, se sentían débiles y sentía como si el aire me lo estuvieran quitando poco a poco, apreté mis manos en unos puños, tratando de mantenerme calmada, y no hacer una escena en los baños del hotel, tomé aire poco a poco, y mis puños se fueron abriendo, y un dolor se empezó a sentir en la palma de mis manos, unos rastros de sangre adornaban ambas, mierda. Me enjuague rápidamente, cortando la sangre, mis uñas habían sido tan enterradas que ahora me había hecho daño, suspiré y me volví a enjuagar la cara, escuché mi teléfono vibrar, con temor lo volví a tomar, era Jorge.

Jorgito.

¿Dónde estás? ¿Todo bien? 

No le respondí, pero si salí del baño de mujeres después de tranquilizarme, lo pude ver hablando por teléfono, me sonrío, y me acerqué a él.

— Si eso me ha dicho... yo te los llevo pa... no, sin problema... voy para allá. —Colgó el teléfono y me dio un beso en los labios. — Corazón, debo irme, mi papá me marcó, ¿me acompañas? Podemos ir a comer después.

— Ve tu, yo quiero estudiar y dormir un poco.— Pareció poco convencido, pero no dijo más.

— Bien, debo irme, te quiero. — Me dio otro beso y lo vi subirse a su coche, cuando lo perdí de vista, tome un taxi y fui a casa de mi profesor. Mis palmas de las manos aún dolían por el doblez de estas al abrir y cerrar mi mano, pero hice caso omiso, necesitaba llegar lo más pronto posible a su casa, le pagué al taxista y me bajé, entré después de que el vigilante me reconociera y fui directo a su casa, pero él iba de salida con Fátima.

Jugando Con FuegoHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora