Jisung mordió su labio inferior y fijó su mirada al cielo. Inhaló profundo y exhaló en el momento que sus ojos se volvieron a fijar en la sepultura de Maní.
Esbozó una tenue sonrisa, se agachó y acomodó el pequeño ramo de rosas que escogió con tanto esmero.
Junto a el se encontraba Minho, sorbiendo la nariz e intentando ocultar las lagrimas que luchaban por salir. Se había cumplido un mes de la muerte de MinJeong, y desde entonces, Jisung y Minho se han encargado de visitar su sepultura.
Le dejaban rosas, le compraron pequeñas muñequitas para decorar e incluso le escribían notas en post it rositas.
Felix solo había ido tres veces y en cada ocasión acababa llorando.
En cambio, Jeongin y Hyunjin no habían ido ni una sola vez, solo estuvieron ahí cuando fue sepultada y ninguno se ha atrevido a volver. No era fácil. Aun no estaban listos.
Es por eso que Jisung no les insistía y prefería ir el, a demás era una manera de sentirse más cerca de la nena que robó su corazón aun sin conocerla.
-Hola mi preciosa maní.- hablo sin borrar su sonrisa, acarició la roca que tenía grabado Hwang MinJeong, relamió sus labios y sintió claramente un nudo formarse en su garganta- ¿Sabes? Cuando tu papi Innie me contó de tu existencia me sentí tan feliz, pensé en los miles de juegos que nos inventaríamos juntos y lo lindo que sería cuando pudieras pronunciar mi nombre...
Jisung se sentó en el suelo frente a la lápida, Minho se acomodó detrás de él y rodeó la cintura del menor, escondió su rostros en su cuello eh inhaló el exquisito aroma que este emitía.
Los mimos de Lee eran bastante tranquilizadores en situaciones como esas.
-Se...- pausó un momento, de acurrucó un poco más en el pecho de Minho y continuó- Se que no te gusta ver a tío Sungie triste, pero... Te extraño tanto chiquita. Extraño las pataditas que dabas en la pancita de papi Innie y darte caricias para calmar los golpecitos, el rápido latido de tu corazón en los ultrasonidos. Extraño esa emoción que me daba pensar en tu nacimiento. Yo...
Se detuvo, volteó un poco su torso y envolvió el cuello de Minho entre sus brazos. Hipo . Sorbió la nariz y soltó muy tenues quejidos. El mayor le acarició la espalda con movimientos circulares y lo meció de un lado a otro, beso su frente y susurró en su oído que todo estaría bien.
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Nadie podría explicar esa sensación tan incomoda, aquella que se siente como un vacío en el lugar donde debería estar nuestro corazón. Esa desesperación por querer buscar a esa persona que se marchó, querer abrazarla y decirle todo lo que sientes,pero que no se encuentre en realidad en ningún lugar.
Que sólo su cuerpo sin alma esté enterrado en algún lugar y no poder ser escuchados.
Jeongin estaba hastiado de tener que vivir con esa angustia en su pecho y el pequeño mameluco entre sus brazos no era de mucha ayuda.
Sintió varios golpecitos en la puerta de la habitación, ni siquiera pudo responder cuando Felix ya había entrado con una taza de Mario bros entre sus manitas. Se acercó al menor que se había incorporado y se la entregó, Jeongin contempló el contenido de la taza y suspiró. Era chocolate caliente, eso solo significaba una cosa:
-¿Que le paso a Sungie?- preguntó antes de dar un sorbo.
-N-Nada...
-Contare hasta tres.- advirtió el menor con una mirada amenazante.
Felix suspiró. No importaba cuanta fuera la tristeza de Jeongin, jamás cambiaría esa actitud protectora hacia sus amigos, en varias ocasiones les jalaba las orejas hasta que confesaran.
-Estaba llorando, Minho Hyung lo trajo cargando en su espalda...
El menor asintió, se levantó de la cama con la tacita aún en sus manos y salió de la habitación, Felix lo siguió, pero se detuvo en el comedor donde se encontraban sus libretas con los apuntes de la universidad.
Jeongin entró a la habitación de Jisung sin tocar la puerta, el mayor estaba hecho un ovillo y abrazaba con fuerza una almohada. Se acercó hasta él, se sentó en una orilla de la cama y le acarició con cariño su cabello.
El mayor alzó la vista, se levantó un poco y abrazó la cintura de Jeongin.
-Lo siento, Innie...
-¿Porque te disculpas,peque?
-Quisiera ser lo suficientemente fuerte para que tu estes bien.
El menor suspiró sin dejar de acariciar el cabello del lloroso chico, le susurró que pronto estaría bien y que sólo necesitaba un tiempo. No quería seguir preocupando a Jisung.
Además, sabía lo mucho que sus amigos amaban a su hija y el esfuerzo que estaban haciendo por mostrarse fuertes para el.
Su celular anunció una notificación, lo desbloqueó con cuidado de no incomodar al chico que comenzaba a apaciguar su respiración. Era un mensaje.
Hyunjin...
Su aún esposó le había dejado un quinto mensaje pidiéndole hablar. La última vez que se vieron fue cuando les dieron el resultado de la autopsia de MinJeong, Hyunjin se ofreció a llevarlo a casa y durante todo el camino un silencio incómodo, y solo se podía oír los sollozos de Jeongin
Una parte de el le decía que ya era tiempo de escuchar que es lo que el de tez blanca tenía que decir, que le diera una oportunidad de explicarse por ser el papá de su nena. Pero otra parte de él no quería, le advertía que la herida se abriría aún más y que existía el riesgo de que fuese más profunda.
Se sentía un grandísimo idiota. El debate en su cabeza no se resolvía y todo era culpa de la atracción que nunca se esfumó. Todo fue culpa de los besos de Hyunjin.
Dejo su celular a un lado y apoyó su frente en la coronilla de Jisung... tal vez aún no era el momento.
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