P.O.V. Diana:
Tenía a Alec frente a mí, ambos sentados en la cama y bebiendo unas copas de sangre que una mucama nos trajo. La incomodidad era extrema, porque... ¿Qué se supone que debo decirle ahora?
Cada segundo que pasaba, sentía que él estaba formulando el sermón para regañarme y ahora más que nunca, pensaba que no me dejaría salir de esta mansión ni aunque me arrodille a rogar.
Se giró a verme, creo que ya iba a empezar.
—No me gustó lo que hiciste, el mismo reto se lo daré a tu hermano también —su voz sonaba molesta —Ni tampoco me agrada que hayas visto ese escándalo.
—Realmente no lo vi... David tapó mis ojos —interrumpí.
—Entonces me alegro, no quiero que pienses cosas erradas de mí... Además, debía eliminarlos, si cualquiera de ellos abre la boca, estamos en graves problemas —bebió de su copa.
—Lo siento por esto, pero realmente necesitaba saber algo más de ti —suspiré algo avergonzada.
—¿Y por qué no me preguntas? —alzó una ceja —No hay nada que te limite a hablar conmigo seriamente, ¿O si?
La última frase resonó en mi cabeza, por más que lo conozca hace años me sentía muy extraña cada vez que intercambiábamos una conversación y no podía evitar distraerme con el ligero latir de su corazón. Había un monstruo dentro de mí que por alguna razón quería morderlo y jamás parar.
Sabía que los vampiros tenemos un cierto instinto nato de cazar y morder para obtener la sangre que nos mantiene en forma, pero esto se sentía diferente.
¡Oh! ¡¿Qué estoy diciendo?! Mierda, Alec me miraba confundido.
—¿Realmente te encuentras bien? ¿Pudiste comer algo hoy? Quizá te falta comida —preguntó.
Negué rápidamente, comida era lo que menos quería... A menos que él sea la comida.
¡Ya para, Diana! Mira lo que estás pensando.
—Hey, me estás preocupando, pareces un tomate y te estás riendo sola, ¿Acaso dije algo? —dejó la copa a un lado para mirarme confundido.
—¡No! Tranquilo... —me calmé, y cuando pude formular la pregunta, hablé —¿Qué es lo que realmente haces en esa mafia?
Le pregunté para que no continúe mirándome como si estuviera enferma, ¡Odiaba esa mirada! La mirada de pena y de preocupación que todos me hacían, ¿Acaso no puedo divagar entre mis pensamientos sin quedar como una loca?
—Ah... eres rápida para preguntar, ¿Eh? —sonrió —Soy el líder de la mafia Rosso, la cual se encarga de los negocios del dinero y de la sangre de los vampiros.
—¿Cómo es eso? —volví a preguntar.
—Los vampiros en el mundo necesitan sangre para vivir, yo se las consigo y mis precios en el mercado negro son un poco más elevados —explicó —Pero la sangre que consigo es pura, y yo pongo las condiciones para extraerla de los humanos.
Fruncí el ceño cuando dijo la palabra "Extraer", ¿A qué se refería?
—Hay muchos humanos en el mundo que se ofrecen a donar su sangre a cambio de dinero, yo me encargo de gestionar ese negocio y también soy intermediario entre los vampiros y el mercado —explicó al ver mi cara de confusión —Hay vampiros muy exquisitos que quieren un tipo de sangre en especial; no es lo mismo la sangre de una mujer virgen o la de un hombre anciano, ¿Se entiende?
Asentí y comencé a pensar mi siguiente pregunta.
—¿Por qué jamás nos cuentas nada a David y a mí? Ni siquiera sé tus poderes —pregunté.
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Eternos: Mi vampiro favorito II
VampireAmbos, buscando la tranquilidad en su familia, se darán cuenta de que los problemas aún no han acabado, pero cualquiera que entre a las garras de los Valt, será destruido. La familia se agranda, un mundo nuevo abarca la historia, y enemigos tambié...