5♣

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Jungkook me colocó tras él y fue a por Geonhak. Se lanzó contra él sin siquiera preguntar. No había mucho sitio para pelear, pero aun así fue efectivo, a pesar del que el rubio era muy bueno en el combate, Kook consiguió acertarle en la mejilla. Este se sorprendió, como si no estuviera acostumbrado a que le alcanzaran.

Intenté separarlos, pero era como detener un huracán, al final conseguí colocarme entre ellos. Al momento Jungkook me acercó a él y me apretó a su cuerpo mientras con el otro brazo sacaba un arma y apuntaba a Geonhak.

—No, Kook, está de nuestro lado.

—Es Leedo, un mercenario conocido por hacer lo que sea por un alto precio —decía sin bajar el arma.

Miré al rubio, no se inmutó, lo cual significaba que era verdad. Al menos no le apuntaba de regreso.

—Me ha salvado —decía, pero no se tranquilizaba —Es quien me dio el teléfono para llamarte.

Parecía que podía convencerlo, pero aún dudaba. Desvió la mirada un segundo hacia mí, y como si de un hechizo se tratara se olvidó del rubio.

—¿Qué te ha pasado?

Sus dedos en mi cuello eran caricias bien recibidas, aunque dolieran.

—La sangre no es mía —dije, pero él seguía tocándome, supuse que me habían quedado marcas cuando me intentaron ahogar —Ha sido Khan.

Ya no le importaba Geonhak, ya solo tenía ojos para mí, unos ojos que parecían demasiado tristes.

—Le mataré —dijo con una voz contenida que no dejaba lugar a dudas.

—Llegas tarde, Jeon —era lo primero que decía Geonhak.

Señaló con la cabeza la habitación de enfrente, donde se veían los cuerpos irreconocibles de los dos hombres.

Vio aquel amasijo de carne y sangre. Me volvió a coger entre sus brazos y me pegó a él. Seguramente estaba pensando en qué podría haberme ocurrido, y tuvo miedo.

—Gracias —dijo al rubio.

—Lo he hecho por ella, por nada más.

Volvió a escucharse alboroto fuera. Geonhak revisó su pistola a la vez que lo hizo Jungkook.

—Tenemos que salir, o cada vez será más difícil —dijo este último.

Mi salvador, anteriormente secuestrador abrió un cajón y sacó otra pistola.

—¿Sabes usarla? —me la pasó, pero Jungkook se la quitó antes de que pudiera alcanzarla.

—Ella no.

—Necesitamos toda la ayuda posible —insistía.

—Ella no, no será como nosotros.

Se miraron a los ojos y se entendieron, se reconocieron en el otro, eran hombres que vivían rodeados de muerte, la habían acogido y aceptado como su día a día.

—Yo llevaré mi pecado y el suyo —dijo mi marido. No quería que yo perdiera parte de mi alma.

—Si hablamos de pecados, los compartiré, un par más no harán la diferencia —recogió de nuevo el arma Geonhak.

No podíamos esperar más. Jungkook sacó la cabeza, cogió aire tal como le vi hacer aquella fatídica noche en La Rosa Negra, y salió disparando regresando un par de segundos después.

—Despejado —luego se dirigió a mí —No te alejes de mí.

Iba con el mismo uniforme que todos ellos, salvo que el suyo carecía de una manga, tal vez arrancada en un combate, algo había ocurrido porque también tenía heridas en la cara. Me sujeté a una de las tiras que se cruzaban en su espalda y su cintura, intentando no entorpecerle. Y así, sin separarme de él, avanzamos por el pasillo hasta ese salón que tanto conocía, y a ese jardín en el que en tantos momentos había dejado volar mi imaginación.

La última apuesta (Trilogía Póker: 3) [Terminada]Donde viven las historias. Descúbrelo ahora