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Su mano me agarraba por la nuca, el cuero cabelludo me quemaba.

—No —dije entre dientes —¡No puedes hacerlo!

De la sorpresa regresó a la ira, pero no me importaba, yo tenía más rabia acumulada que él.

Mi cabeza era tirada hacia atrás, pero no me iba a callar.

—No vas a hacerles daño.

—¿La niña buena se ha despertado? —dijo soltándome con fuerza. La mesa tras de mí se tambaleó.

—Casémonos, no me opondré —decía desesperada —Haré que se detengan, serás el rey de esta ciudad, pero por favor, no les hagas nada —me tiré a su pecho, me agarré de su camisa, lo miré a los ojos desde abajó, suplicando. No me importaba perder el orgullo si ellos estaban a salvo —Por favor.

Dio un paso atrás, dejándome sola y avergonzada en medio de aquella habitación. Dio un trago a la botella y me miró. Los segundos pasaban, creía que se me marcharía tal como había venido, dejándome en esa desesperación.

—La primera vez que te vi pensé que eras una cría tonta que se había dejado encaprichar por el primer niño guapo que le había hecho un poco de caso, y él se había aprovechado de ello —se había apoyado en la pared, hablaba con tranquilidad, contrastaba con el nerviosismo que yo portaba —Pero no era tan simple, Jungkook lo intentó, pero no pudo disimular, eras algo más para él, eso me provocó curiosidad, eras mediocre, hay centenares como tú en las calles.

Volvió a beber. Pensé en interrumpirle e insistir en mis ruegos, pero callada podía averiguar más, podría encontrar otro modo de convencerlo.

—Cuando tu hermano me llamó en parte acepté por eso, quería saber qué escondías —continuó —Descubrí que te encantaría ser aquello que aparentas ser y que todos creen, una niña tonta que se deja llevar por lo que llega, pero no lo eres —dejó la botella sobre una repisa y se acercó a mí, no retrocedí —Eres inteligente y más fuerte de lo que quieres enseñar, y eso es lo que más me interesa, quiero saber cuánto tengo que hacer para quebrarte, quiero conocer tu límite.

Ahí estaba, no era maldad por maldad, era una tétrica prueba, quería conocer el umbral de mi resistencia, quería saber hasta dónde podía llegar. Pues no tardaría en verlo, la muerte de mis seres queridos lo era.

—Quiero que te hundas, quiero quebrarte —acarició mi mejilla, limpiando una lágrima errante —Sueño con verte sin esperanza, suplicándome que acabe con tu vida.

Aquellas lágrimas que juré no soltar rodaban silenciosas, mojando la mano que él todavía tenía con suavidad sobre mi rostro.

—Quiero ver la desolación de Jungkook cuando te vea rota, ni cuando su estúpida familia familia fue masacrada se rindió, pero cuando te reclamé para mí vi ese dolor que tanto ansiaba —bajó la mano hasta mi garganta —Quiero que se rinda, quiero verle rogándome piedad, quiero verle arrodillado, suplicando, quiero que me muestre lo que yo sé, que todos están equivocados, que mi padre lo está, yo soy el mejor hijo que podría tener —sus ojos parecían estar vidriosos, tal vez era el alcohol, tal vez no —¿Por qué no lo ven?, ¿por qué no lo ves tú?

No era Jungkook, no se le acercaba ni a la suela de los zapatos, hasta la misma familia que le había engendrado lo sabía, ¿cómo no iba a saberlo yo? Pero tal vez ese sería el modo en el que conseguiría convencerlo.

—Te puedo ayudar —el agarre en mi cuello disminuyó al escuchar mis palabras —Llévame a tu padre como la mujer que arrebataste a Jungkook, le diré lo que quieras, juraré que eres mejor que él.

Me soltó, pero no se alejó. Había algo diferente en él, tal vez le había dado lo suficiente como para olvidar la guerra que se avecinaba.

—¿Harías eso? —preguntó.

La última apuesta (Trilogía Póker: 3) [Terminada]Donde viven las historias. Descúbrelo ahora