Violencia de género

18 3 0
                                        

Oh! se me da fatal vigilar, Pero estoy serena y en paz.

Mientras esperaba, un ciclista me ha visto, al menos yo a él si. se quito la chaqueta, la mal doblo, la guardo y siguió. Estuve mirando como se iba, medio escondida, y una vez que se fue, no pude dejar de mirar por si volvía. Tengo miedo.

Hoy he estado esperando mas de tres horas, no daba salido ni con el agua caliente. No.

Me he mojado, me ha cogido el frió, y al fin le he visto salir. A sus espaldas he entrado con mi copia. he comido algo. al verle volver me he escondido en el armario de la habitación de la plancha.

Se encendió la luz del pasillo, entro sigiloso, bajo la persiana y se fue. Mi escondite era muy pequeño, ridículo, y empezaba a hacer mucho calor, pero no podía abrir las puertas por miedo a que un gesto hiciese ruido y me descubriese. Al poco rato ya no encontraba postura, me dolían los talones, sudaba, y mi culo era de mal asiento.

Estaba muerta de dolor, había traído una botella por si tenia ganas de pis, y un plátano. Pero el verdadero problema era el sufrimiento. Muerto el perro, muerta la rabia. Después de toda la noche, por fin amaneció.

Cuando el salió ya no sentía ni las piernas ni el culo y estaba en un mar de agua. Estuve un mes dándome crema anti inflamatoria.

Mientras escuchaba sus ronquidos, salí de mi agujero y estuve un rato sentada. Creo que eso me sirvió para no delatarme, estaba ya al límite.



Me desperté como todas las mañanas, tarde. Me duche y fui a desayunar un platito de arroz con tomate y un café. una vez despierta me vestí de calle y me fui.

Ya en la puerta, ésta estaba cerrada por fuera, y mi llave no estaba. Estallé de rabia, odio, ira, ... Si estuviese allí le hubiera golpeado. Se libró.

En las horas que duró su regreso, me acordé que hacia tiempo había hecho una copia de mi llave. Estaba fuera. Sin embargo decidí esperarle para ver que decía.

Lo había planeado todo hace tiempo, pero ese finde no dijo nada, tan solo me encerró en casa.

Llegó tarde y muy enfadado. Después de 10 minutos de gilipolleces, me dijo que ya no había amor ( nunca me quiso) ni sexo ( llevábamos 15 días con hongos) ni nada, lo mejor era que me fuese.

Segura de mi misma, cojí mis cosas en una bolsa plástica y me iba. En la puerta, me dijo que comiese algo primero, después me iría.

-no tengo hambre.

No me esperaba que me echase esa mediodía.Me arrepentí de no haber comido, me arrepentí de no haber esperado. De camino a la estación llovió tan fuerte que me puse como una sopa. Mis zapatillas chapoteaban, mis cabellos goteaban tanto que no veía.

Siempre fue dos pasos por delante de mi, la noche anterior me había sugerido que dejase la llave en el cajetín ( a mi se me olvidaba)

a las 4 horas me puso un mensaje (¿ estas bien?) aun le quedaban fuerzas para aparentar que me quería. Pronto empezaría a caminar como un enfermo.


Empecé a volver regularmente, un día rompía una llave, otro ensuciaba de pis su ropa, ( no toda) le escondía las cosas, ataba un sedal al ras del suelo en una puerta, hacia ruidos.

Mirando através de los agujerillos de la persiana, sentía la cárcel por la que él estaba pasando.



Con mucha mucha paciencia, y mucho tiempo, al final conseguí meterle en un psiquiátrico. Nunca mas salió. El mundo Descansa En Paz.


la risa del flacoDonde viven las historias. Descúbrelo ahora