Motivación.

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¿Que  es lo que nos motiva?

¿Que es lo  que realmente nos gusta? 

¿Que es  lo que  nos ilusiona?  

jugar con tu niño, pues juega. 

cocinar cocina. 

trastear,  pues trastea.  

Haz lo  que te llene. 

Carpe diem.

Confía en la vida, Confía en los que te rodean. 

Una sonrisa mueve montañas.  

Por el momento,  reír es gratis,   sonreír  es  tu decisión.

Nos volvemos calvos, es lo natural.  La ley de la gravedad nos afecta,  es  lo suyo.

no seremos eternos,  y no será siempre así, como lo es hoy. 

Asumamos.

El silencio es una  ocasión propicia para asumir la realidad que no nos gusta. 

Meditemos.


Todo ser humano sufre en su cuerpo muchas molestias y dolores. Pero se sabe que lo que más duele es nuestra postura en la vida. Cuando ésta no es justa es la que engendra mayor dolor. Este desequilibrio crea el dolor. Si la postura no es coherente, honesta, de servicio, de autenticidad..., crea un profundo malestar y esa división se refleja en nuestro cuerpo. Si hay una postura justa, la vida no duele.

Suele ocurrir que el hombre ahoga continuamente sus sentimientos y sus emociones. Enmascara sus problemas, no desea vivirlos ni asumirlos... Proyecta un mundo de ilusión y se evade. Traslada su dolorosa realidad y la tapa con la ilusión de que no existe. No es capaz de enfrentarse a tanto dolor. Se inventa otros problemas más asequibles de manejar y de sufrir, se «entretiene» con ellos.

En el silencio puede ocurrir que las horas pasen volando. Cuando uno se aproxima a la atención, la sensación es que el tiempo no corre. La lucidez del presente es como la eternidad. Es una vivencia de eternidad. Pero, otras veces, el silencio se te hace insostenible. El tiempo no acaba de transcurrir. Cuando hay crispación las cosas se retardan: no llega el autobús, ni el tren... El estrés espiritual también existe y también daña.

Suele pasar que en el silencio se hacen presentes situaciones, relaciones, personas, objetivos..., que no están vividos ni asumidos. Da la impresión de que nos esperaban en el silencio para encontrarse con nosotros. Son episodios que se tenían ocultos porque duelen. Creíamos que ya estaban olvidados y nos damos cuenta de que salen a la luz con más fuerza todavía. Se nos hace presente un pasado que nos pide cuentas y que desea que le pongamos nombre, que lo afrontemos y que lo concluyamos para poder diluirse en nuestro corazón.


la risa del flacoDonde viven las historias. Descúbrelo ahora