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No lo pensé mucho, metí una de mis manos debajo de su vestido, metiéndola más al fondo hasta llegar a donde quería. La toqué y gimió en mi boca.

Acaricié su ropa interior y la moví un poco, sentí como abrió más su piernas y entonces con mis dedos hice un lado la ropa interior y toqué aquel pedazo de piel que sabría le causaría placer.

-¡Aah! -continuó besándome con más rapidez y mis dedos volvieron a hacer su trabajo.

Sentía como su cuerpo se movía al compás de mis dedos y como ella se acercaba más a mí queriendo sentir todo de manera más intensa.

La puerta del baño se abrió y nos separamos inmediatamente, saqué mis dedos y los miré un poco.

La castaña me observaba de una manera peculiar, llevé mis dedos a la altura de mi labios y sonreí. Con la punta de la lengua lamí los dedos y después me los metí en la boca. Me di cuenta que su cuerpo respiraba frenéticamente y sus ojos no dejaban de verme.

-¿Qué haremos ahora? Yo creo que soporto un rato más.

-Tú te vas a dormir -la castaña se levantó con rapidez y conducía a Joy hacia las escaleras- ¡Lisa! Ven acá.

Me levanté con más dificultad que de costumbre.

-¿Dónde está el cuarto de huéspedes?

-Emm..

-¡No! Es muy temprano para dormir, ya no tengo sueño ¡de verdad!

-Basta Joy -giró su muñeca, dejando ver su reloj, artefacto que para mí había pasado desapercibido- son más de las dos de la mañana, a dormir.

-¿Lisa? -Joy esperaba algún tipo de salvación de mi parte.

-El cuarto de huéspedes está vacío, pero en mi cama podemos dormir las tres.

-¿Las tres? -a la castaña no le gustaba la idea.

-Es lo suficientemente grande para..

-¡Sí! ¡Hay que divertirnos un poco!

Subimos las escaleras hasta la puerta de mi habitación, abriéndola.

Joy entró corriendo aventándose sobre la cama, botando un poco y abrazándose a una de mis almohadas; dejó de moverse y entré en pánico pensando en lo rápido que se había dormido.

-¡Joy! -la castaña golpeó una de su piernas haciendo que la pelinegra asomara parte de su cabeza hacia nosotras.

-¿Qué?

-Tengo una colchoneta inflable, podemos..

-¿Escuchaste? Dormirás en una..

-¿Qué? ¡No! ¿Por qué no duermes tú ahí? -la castaña la golpeba de nuevo y esta vez Joy se movió queriendo evitar un tercer golpe- ¡Ouch!

-¡Escúchame bien..!

Dejé la escena en cuanto pude, tal vez era la incomodidad, las miles de preguntas que ahora me surgían o el simple pánico de saber que ellas dormirían debajo de mi techo. La sola idea me aterraba un poco, quizá demasiado.

Ella ~Donde viven las historias. Descúbrelo ahora