Epílogo: Maalik

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Cierro mis ojos ante la ola de dolor que se aproxima a mi espalda. El latigazo estalla en mi piel y me encojo un poco. El demonio que me tortura decide que se tomará un descanso y me deja colgado en una hoguera para que el humo me asfixie un rato.

Abro ligeramente mis ojos y miro alrededor dándome cuenta que estoy solo. Suelto un suspiro y el primer recuerdo de ella viene a mi cabeza. Desde que llegué a éste lugar, cuando la tortura se detiene luego la veo a ella delante de mí, segundos después su figura se borra y grito de molestia.

Las cadenas desaparecen de un momento a otro y mi cuerpo cae boca abajo en un golpe seco y doloroso. Intento no moverme demasiado hasta que el dolor desaparezca un poco.

No sé cuánto tiempo ha pasado, solo sé que desde que llegué cada día es una tortura diferente y mi cuerpo lo recibe, al estar acá abajo mi cuerpo adquirió un 50% de mortalidad y por eso las heridas tardan en sanarme, y el dolor cada día es insoportable.

Lentamente me doy la vuelta y observo fijamente el techo de piedras con humo y otras partes con llamas. En eso, alguien sostiene mi mano y mi cuerpo está siendo arrastrado, no puedo ni siquiera defenderme. Decido cerrar mis ojos y dejarme llevar.

...

—¿Maalik? ¿Estás despierto?

—Creo que está muerto.

—Está caliente, tócale la frente para que veas.

—Por supuesto, estamos en el infierno idiota.

—Solo decía.

Escucho voces. De tres demonios mejor dicho. Abro lentamente mis ojos y ellos están peleando para ver quién me despierta o quién me toca para que se dé cuenta que estoy caliente. Miro a mi alrededor y estoy en un lugar poco conocido del infierno para mí.

—¿Se puede saber quién carajos son ustedes?

Ellos dejan de pelear para notar mi presencia. Corren hacia donde estoy y los veo sonriendo.

—¡Maalik!

—¡Despertó!

—Maldición, los 3 chiflados sexuales —digo en un susurro.

Los noto mejor y veo que son íncubos. Mejor dicho, aquellos demonios que abusan de los humanos cuando duermen. Uno de ellos tiene el cabello rojo, el otro rubio y el que sigue de cabello negro, los 3 con ojos grises y piel morena con rasgos diferentes.

—Nos dimos cuenta que te estaban torturando así que quisimos ayudarte —dice el de cabello negro—. Creíamos que eras el caído del cielo pero en realidad fuiste el caído en batalla.

—¿Cómo por qué?

—Las cosas acá están mal desde que El príncipe fue liberado y no hay nadie vigilando las salidas. Lucifer está molesto porque Leviathan quiere escapar, ya que Astaroth fue liberado. El príncipe fue liberado con la ayuda de la Nephilim y el príncipe Mammón ya que fue sobornado.

Eso despierta mi curiosidad de inmediato. El pelirrojo sigue hablando y hablando mientras que el rubio me entrega una especie de daga, justo como la que tenía ella.

—Vamos a escapar por la brecha que está en el oeste, pero decidimos que era mejor llevarnos al vigilante del fuego, el increíble Maalik.

—En resumen: tienen miedo de que un demonio de mayor rango los haga sufrir y necesitan una carnada para escapar.

Los tres asienten con sus mejores sonrisas y me ayudan a levantar. El de cabello rojo me toca el abdomen y levanto una de mis cejas.

—Lo siento, te ves ardiente.

—De seguro por las heridas y el fuego a mi alrededor —le digo molesto.

Sonríe con malicia y me ayudan a caminar hasta la brecha que ellos dicen. En el camino debemos escondernos de varios demonios que están caminando y torturando aquellos que cometieron los peores pecados del mundo. Una parte dentro de mí esperaba que Samuel estuviera con vida y otra parte estaba agradecido por estos demonios al ayudarme.

Tenía un propósito. Iba a buscarla. Iba a matarla por su traición. Mi nombre es Maalik, El caído en batalla, y juro por el infierno del mundo llevar a cabo mi misión y si es de morir en el intento, moriré.

EL CAÍDO (2)Donde viven las historias. Descúbrelo ahora