—¿Qué creen que están haciendo ustedes dos?
Escucho la voz del profesor Louis regañando a Maalik y al nuevo. Intento mirar por la ventana pero se me hace un poco difícil por mi tamaño. Camino hasta el salón de al lado y tomo una silla, la llevo de nuevo hasta donde estaba y me monto. Pude ver que Maalik estaba recostado a la ventana, mientras que el nuevo está sentado de una de las mesas. El profesor Louis se encontraba totalmente serio.
—¿Qué estás haciendo aquí? ¿Por qué caíste? —pregunta Maalik con voz gélida.
—No caí, me obligaron.
—¿De qué estás hablando?
—Qué no soy el único que caerá. Vendrán más. Vendrán por ti. Vendrán por lo que sabes. Vendrán por ella.
A pesar de que no entiendo de qué están hablando, Maalik no parece afectado de que alguien esté buscándolo. Suelta un suspiro y se acerca al nuevo.
—Dime lo que sabes, ahora.
—Maalik, este no es lugar para hablar de esto.
Maalik asiente dándole la razón a Remiel y se aleja. El profesor simplemente los mira pero no vuelve a decir otra palabra. Remiel se levanta y toma un marcador, lo siguiente que hace es poner números en romanos.
—Ahora mismo somos 3, pero caerán más. No sé sabe el orden, pero son aquellos que cometen algún pecado. No sé qué hiciste, no sé qué hizo Samuel, pero apuesto a qué sabes que hice —dice Remiel con voz tranquila. Marca otra cosa y señala el pizarrón—. Lo que sé por ahora es que seremos 7. Como el séptimo.
Maalik frunce el ceño y pasa una de sus manos por el rostro, como si estuviera cansado de la situación en la que se encontraba.
—¿Qué significa eso? —pregunta el profesor Louis.
—El 7 es el número divino y perfecto, tanto que Dios lo bendijo como el séptimo día y es sagrado —le respondió Maalik con voz gélida.
—Incluso, el número 7 se menciona 300 veces o más en la Biblia —prosigue Remiel alejándose del pizarrón.
Mientras que el profesor Louis sigue en su asombro y les dice algo que no escucho, por mi parte estoy hecha un lío de preguntas que no me atrevo a hacerlas en voz alta.
Cuando veo que ellos se preparan para salir, me bajo de la silla y la arrastro al otro salón. Me quedo allí un rato hasta que no escucho más voces o pasos. Salgo de allí y entro al salón donde ellos estuvieron para ver de cerca lo que Remiel escribió.
Efectivamente eran números, pero algunos tenían letras que pude notar que era otro idioma. Me siento en una de las mesas y sacó lápiz, borrador y libreta. Anoto los números en el orden que veo.
II
IVVVIVIIIIXX
Termino y veo lo otro que está en otro idioma. Me quedo viendo el pizarrón unos minutos y caigo en cuenta que está en alemán. Busco el traductor en el teléfono y escribo lo que veo.
das Ende ist nahe
El final está cerca.
Mi piel se eriza ante esa traducción y leo el otro párrafo para traducirlo.
Und da ist auch ein Mädchen auf etwas, das uns zuhört.
Y también hay una chica escuchándonos.
En el momento que leo eso, siento que el mundo se detiene a mis pies. La puerta es cerrada con fuerza y suelto un grito al ver a Maalik en los asientos de atrás mirándome algo molesto. Llevo mi mano hacia el pecho e intento respirar varias veces para calmar mi corazón gracias al terrible susto que he pasado.
—¿Vas a darme alguna explicación del por qué estabas de chismosa? —pregunta Maalik y yo solo lo miro—. De chismosa a muda ahora.
—Creo que es la hora de que me vaya.
Empiezo a recoger mis cosas y antes de correr a la puerta miro a Maalik.
—Si llegas a correr, sabes que te alcanzaré.
No dejo que su amenaza me ponga más de nerviosa de lo que estoy. Sin pensarlo bien, corro hasta la puerta y en cuestión de segundos Maalik me alcanza y sostiene mi brazo. Mi cuerpo es llevado al rincón del salón y soy acorralada por Maalik. Su cercanía me pone más nerviosa e intento mirar a todos lados menos a su rostro. Maalik agarra mi rostro y me obliga a mirarlo.
La anomalía de uno de sus ojos al ser de un color totalmente extraño, hace que intente mirar a otro lado pero él aprieta su agarre.
Justo en aquel instante, la puerta es abierta y un chico de lentes entra como si nada. Al vernos en aquella extraña situación, se detiene y mira de un lado a otro buscando una explicación. Debido a que ninguno le responde, decide ponerse los audífonos y se sienta enfrente del pizarrón a esperar que lleguen los demás.
—Deja de meterte en cosas que no son tu problema —dice Maalik soltándome.
—Empezó a ser mi problema desde que me he visto involucrada en cosas extrañas.
—Keissy, aléjate de los problemas.
—Necesito respuestas.
—No podemos hablar de eso ahora mismo. Tengo que irme.
(...)
—¿Estás bien?
—Como nunca.
Lucas no parece contento con mi respuesta pero no indaga más en el tema. Saco la libreta de mi mochila y leo la descripción que traduje más los números que el chico nuevo había anotado. Veo que mi mejor amigo se levanta y vuelve a los segundos con dos botellas de agua y sonrío.
Abro la botella y tomo un sorbo que en cuestión de segundos estoy escupiendo. Limpio mi boca y noto como todos en la cafetería han escupido también lo que sea que estuvieran tomando. Paso mis dedos por los labios y miro fijamente al notar el color escarlata en ellos. Miro la botella de agua y veo que también está del mismo color. Reviso la bebida de Lucas y es lo mismo.
—Es sangre —dice alguien en otra mesa.
—¿Qué está pasando?
Me levanto rápidamente de la mesa después de la ola de gritos y quejas, veo que Lucas está siguiéndome. Entramos al aula más cercana y tomo el marcador de la pizarra. Anoto los números y hago memoria a las fotos que vi en la casa de Maalik para que él pueda entender un poco lo que intento explicar.
—¿Has visto la película de la momia? —pregunto.
—Es la favorita de mi mamá.
—Vale. Cuando Imhotep busca a Evie, Rick está en una especie de bar tomándose algo con el hermano de ella y los demás, pero cuando beben el vino se convierte en sangre.
—¿Cuál es el punto? ¿Ahora creemos en las momias?
Ignoro su comentario sarcástico y prosigo para que pueda seguir mi ritmo.
—Eso sucedió porque algo malo iba a pasar. Incluso, empezó la destrucción de Egipto.
—Pasamos de E.T el extraterrestre, a la ouija y ahora a la momia. Esto es de locos.
Volteo a ver la pizarra y recuerdo aquellas palabras de Maalik que dijo en mi casa. Debía buscar un espejo.
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EL CAÍDO (2)
FantasiNadie sabía lo que era un ángel. Nadie sabía lo que era un caído. Nadie sabía que no se encuentra información de ello en internet o en los libros. Solo saben que existe un Dios, pero... ¿es real? A nadie parecía interesarle ese tema. A excepción de...
