#. Me avergoncé.

10 0 0
                                        

No te soltaba
porque tenía miedo
de que nadie volviera a quererme
como tú.

Qué ironía.

Porque un día comprendí
que sí,
que alguien podría quererme como tú,
y quizá incluso mejor.

Y aun así,
prefería quedarme sola.

Porque cuando le conté a alguien más sobre ti,
cuando tuve que sacar nuestra historia
de mi cabeza
y ponerla en palabras,
ya no sonó tan bonita.

La verdad,
sonó horrible.

Me avergoncé.

Me avergoncé de todo lo que permití,
de las veces que confundí migajas con amor,
de las veces que defendí tus silencios,
tus heridas,
tus ausencias,
como si amar fuera aprender
a soportarlo todo.

Me avergoncé de mí.

Porque yo hablaba de ti
como quien habla de un hogar,
cuando en realidad
pasaba más tiempo intentando
convencerme de que no tenía frío.

Y entonces lo entendí:

yo no era amada.

Yo te inventaba.

Inventaba tus intenciones,
tus sentimientos,
la versión de ti
que necesitaba que fueras
para que todo aquello tuviera sentido.

Te amaba tanto
que tuve que convertirte
en alguien que nunca fuiste.

Y quizá eso fue lo que más dolió:

descubrir que no estaba perdiendo
al amor de mi vida.

Estaba perdiendo
la historia que inventé
para poder quedarme.

Y qué vergüenza
haber llamado amor
a todo aquello
que tuve que imaginar
para no sentirme sola.

Todo lo que no supe decirHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora