Segunda Navidad sin ti
y el calendario avanza como si nada,
como si no pesara este nudo en el pecho
ni ardiera la ausencia bajo las luces.
Lloré antes de que llegara el veinticuatro,
lloré días enteros,
me quebré en silencios largos
y en noches que no preguntan, solo duelen.
A ratos te olvidé un poco —si es que eso existe—
refugiado en los brazos de quien amo,
no por falta de amor hacia ti,
sino por miedo a caer del todo.
Ella me acunó como quien sostiene
algo frágil que no quiere romperse,
pero volver a casa,
volver a diciembre,
fue volver a ti.
Otro año más sin tu voz,
sin tu risa sentada a la mesa,
sin tus manos diciendo "aquí estoy".
Segunda Navidad sin ti
y aún quema,
aún duele como herida abierta.
No quise ir a tu casa,
a tu antigua casa,
porque sabía que lloraría
como la primera vez que te fuiste,
como un niño que no entiende
por qué alguien no vuelve.
Qué pena llorar en una fecha tan alegre,
qué pena no saber qué responder
cuando preguntan "¿qué te pasa?".
Dicen que estoy loco
porque todo diciembre te he visto en las calles,
caminando cerca de mí,
cruzando miradas que no existen.
Te sigo,
te busco,
te persigo con el alma,
pero nunca logro alcanzarte.
Me dicen que solo me estás cuidando,
y quiero creerles,
pero a veces nace una esperanza cruel:
que el cáncer jamás te llevó,
que todo fue un error,
que algún día te darás vuelta
y dirás mi nombre
como si nada hubiera pasado.
Segunda Navidad sin ti,
y aun así te espero,
porque hay ausencias
que no se resignan al olvido,
y amores
que ni la muerte
se atreve a apagar.
te extraño abuela.
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Todo lo que no supe decir
PoesíaQuizás este libro nunca fue realmente sobre encontrar las palabras correctas. Fue sobre intentarlo. Sobre todas las veces que sentí demasiado y no supe cómo explicarlo. Sobre aquello que me dolió, aquello que me dio miedo, aquello que amé en silenci...
