No sé si este es el primer trago
o el número veinte,
pero qué importa.
Igual pienso en ti.
Igual me duele que no estés aquí.
La mesa se mueve,
o soy yo el que se tambalea,
pero tu cara aparece en la espuma,
en el reflejo del vaso,
en el piso cuando cierro los ojos.
Quédate,
aunque me caiga,
aunque me ría,
aunque parezca que no sé lo que digo.
Lo sé.
Sé que te quiero,
y eso no se me va con ningún trago.
Me niego a perderte,
me niego a que esto termine
como la botella vacía frente a mí.
Quédate,
aunque solo me quede la voz para pedirlo.
Te quiero cuidar
como cuido este vaso,
con las dos manos,
para que no se rompa,
para que no se pierda.
Si mañana despierto con resaca
quiero que sea a tu lado,
no solo en este suelo frío
que huele a vino y soledad.
No me dejes,
porque no hay trago que me quite este miedo.
Y si me río ahora
es para que no veas que quiero llorar.
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Todo lo que no supe decir
PoetryQuizás este libro nunca fue realmente sobre encontrar las palabras correctas. Fue sobre intentarlo. Sobre todas las veces que sentí demasiado y no supe cómo explicarlo. Sobre aquello que me dolió, aquello que me dio miedo, aquello que amé en silenci...
