Levanté estas cuatro paredes
con las manos temblando,
no para encerrar el mundo,
sino para salvar lo que quedaba de mí.
Aquí, mi abuela sigue tejiendo inviernos
con manos suaves y voz intacta.
Supera el cáncer como si fuera un resfrío,
y las flores viven en sus manos,
no en la piedra.
Aquí, mamá no alza la voz.
Papá no desaparece en silencios.
Aquí, hablar es un acto sagrado,
y nadie calla por miedo.
Aquí, el amor no tiene reglas,
ni etiquetas, ni castigos.
Mi bisabuela recuerda mi nombre
como si lo hubiera dicho ayer.
Me canta el cumpleaños antes que yo llegue,
y me abraza sin perderse en la bruma.
Aquí, mi mejor amigo no enfermó.
Seguimos riendo con la risa intacta,
como si el tiempo nos perdonara.
Este lugar no tiene mármol,
ni tumbas,
ni últimas veces.
Aquí, el futuro no asusta.
Aquí, el pasado se cura.
¿Y por qué saldría de aquí?
Si afuera, el mundo aprieta,
el aire pesa,
la gente hiere sin querer —o queriendo.
Sé que esto no es real,
pero sangra como si lo fuera.
Aquí, mis padres amaron mejor.
Aquí, nadie se ahoga por ser distinto.
No hay armarios, ni juicio, ni miedo.
Aquí, la moto nunca chocó.
Aquí, mi amigo sigue vivo.
Aquí, abrazar es más valioso que brillar.
Aquí, llorar no es una debilidad,
sino un idioma común.
Aquí, no quiero morir.
Aquí, el teléfono suena con tu nombre.
Aquí, hay lugar para ti,
si también necesitas descansar.
ESTÁS LEYENDO
Todo lo que no supe decir
PoesíaQuizás este libro nunca fue realmente sobre encontrar las palabras correctas. Fue sobre intentarlo. Sobre todas las veces que sentí demasiado y no supe cómo explicarlo. Sobre aquello que me dolió, aquello que me dio miedo, aquello que amé en silenci...
